Archive for the ‘Parto natural y Maternidad’ Category

RESTAURANDO EL PARADIGMA ORIGINAL

El Dr. Nils Bergman es el creador de este documental que ofrece información de primer orden sobre la importancia del vínculo primario madre-hijo para el desarrollo integral del ser humano.

Nils Bergman (Africa del Sur) hizo sus estudios de medicina en Africa del Sur. Realizó un doctorado en Salud Pública. Es director de la Maternidad del Hospital de Mowbray (Africa del Sur) y desde hace años estudia a fondo , el nacimiento, la lactancia y el cuidado de la madre canguro para el desarrollo integral del bebé y por ende del ser humano
——————————————————————-

<p><a href=”http://vimeo.com/27885109″>Restaurando el paradigma original – Restoring the original paradigm for infant care</a> from <a href=”http://vimeo.com/user7040991″>Geranio Romero</a> on <a href=”http://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Anuncios

Read Full Post »

  1. Por qué es importante la maternidad

Foto 

Sinopsis de la correlación entre maternidad y sociedad,

entre maternidad e individuo,

entre matricidio y degeneración y eventual extinción del género humano.

 

1.- La maternidad es importante porque es el proceso de formación del ser humano.

      La maternidad es una secuencia de fenómenos concatenados: concepción, gestación intrauterina, nacimiento, gestación extrauterina y crianza. Todos los seres humanos se forman en esa secuencia. No hay otra manera de ser humano; no hay otra vía, otra alternativa. La maternidad no es solo una experiencia o una faceta de la vida de una mujer, sobre todo es el proceso de formación del ser humano.                 

 

2.- Esta secuencia se ha fijado en la evolución mamífera en general y humana en particular; la fijación de la  secuencia específicamente humana fue determinante para la fijación de nuestra especie en el ecosistema general de la vida. Las peculiaridades particulares de la maternidad humana se deben sobre todo al específico desarrollo del sistema sexual para adaptar la maternidad a las condiciones anatómicas del bipedismo. (Ver El parto orgásmico, testimonio de mujer y explicación fisiológica, colgado en esta web).

 

3.- La maternidad, y con ella el proceso de formación de los seres humanos, está pervertida, gravemente alterada en relación al diseño filogenético que aseguró nuestra permanencia como especie. Hay pediatras que afirman que en los hospitales se viola a l@s recién nacid@s porque llaman ‘violación’ al acto de separar a la madre de l@s bebés (1).                                                                                        (Ver El Cuidado Madre Canguro de Nils Bergman, colgado en sites.google.com/site/rescatandotextos, así como su documental Restoring the original paradigm(http://www.youtube.com/watch?v=hDOpnCPoBg0; también en:http://myblogdecrianzaconamor.blogspot.com/2009/07/restaurando-el-paradigma-original.html).

Otras referencias en El matricidio y la represión del deseo materno a la luz de la neurología y de la práctica clínica neonatal, colgado en esta web)

 

4.- La perversión de la maternidad afecta a la formación individual del ser humano.

      La repercusión de la maternidad en el individuo se puede resumir con un dicho popular catalán, referido a lo que antiguamente se llamaban ‘niños difíciles’; de estos niñ@s se decía: aquest no ha estat prou llepat (a este no le han lamido lo suficiente).

       Esta correlación entre maternidad deficiente o mala, y formación deficiente o malformación del individuo humano, ha sido comprobada desde diferentes campos del conocimiento. En concreto, desde la psicología, la neurología y la psiquiatría se han estudiado diferentes aspectos del deterioro de la sociabilidad humana relacionados con la falta de amor materno (diferentes tipos de autismo, esquizofrenia, tendencias suicidas, drogadicción, etc.); estudios que son en general desconocidos, pese al esfuerzo divulgativo de los mismos, por parte de profesionales como Odent, Bergman, Prescott, entre otros.  Buena parte, o la mayor parte de lo que está colgado en esta web trata de explicar esta correlación.

      La capacidad de amar y la capacidad racional del ser humano están interrelacionadas; se forman en la etapa primaria de su vida y son una función del deseo materno.  Desde mediados de la década de los 90, la prensa ya se hizo eco de los hallazgos de la neurología al respecto:  Sandra Blakeslee,  “Las emociones moldean las neuronas” (The New York Times/El País, 15.11.1995); Linda Carrol, “Bebés más inteligentes: la lactancia materna favorece el desarrollo del cerebro” (Medical Tribune/el Mundo, Salud nº 128, 17.11.1994); Pablo Jaúregui, “Besos, caricias y abrazos, la afectividad es básica para el desarrollo del cerebro de los niños” (El Mundo, 12.11.1997); Carlos Fresneda, “Las raíces afectivas de la inteligencia” (El Mundo, 22.09.2003).  En estos artículos se pueden encontrar las referencias de los hallazgos en el campo de la neurología que responden a sus titulares. Nils Bergaman, en el texto arriba citado, explica y refiere otros hallazgos y conclusiones más recientes.  Por su parte, Ruth Benedict (1946) (El Crisantemo y la Espada, Alianza Editorial, Madrid 1974, pag. 249) ya daba cuenta del sorprendente hecho de que en Jápón, los bebés, al menos en aquella época, aprendían a hablar antes que a andar;  también decía que las madres disfrutaban dando de mamar, y que para los japoneses, amamantar es uno de los mayores placeres fisiológicos para la mujer, y el bebé aprende fácilmente a compartirlo con ella: el pecho no es sólo alimento… (pag. 247); en Japón existe un concepto, amae, inexistente en las lenguas occidentales para designar el amor primario; según Takeo Doi (1962), dicha inexistencia dificultaba en extremo el diálogo en el campo de la psiquiatría. (“Amae: a key concept for understanding japanese personality structure”, Psychologia, Kyoto, vol 1,  5  )                                                                                                        Michael Balint (La Falta Básica, Paidós, Barcelona 1993) explicó la existencia de un ámbito psíquico primario -formado en la interacción libidinal madre-criatura, durante la gestación intra y extra-uterina-, que mantiene latente de por vida una capacidad de producir amor. En este ámbito psíquico descansa la bondad innata del ser humano, su capacidad de amar y también en buena medida, la de razonar; su función es retroalimentar y desarrollar dichas capacidades.  La formación del ser humano incluye, pues, necesariamente, ineluctablemente, una bondad innata y una capacidad de amar.  Michel Odent afirma que el prototipo de todos los modos de amar es el amor materno, y que todas los modos de amar están integrados (La cientificación del amor, Creavida, Argentina, 2001, pag. XVIII). “El narcisismo primario” de Freud y “el inconsciente huérfano” de Deleuze y Guattari forman parte de la cultura de la dominación que  elimina a la madre: puesto que obviamente, lo primario es el amor a dos y no el narcisismo, y el inconsciente se forma en la vida intrauterina y tiene, por tanto, la misma madre que el resto de nuestra organización psicosomática. A pesar de la importantísima obra de estos autores, en esta cuestión no traspasan el dogma básico de la cultura matricida.                                                                                                  Por otra parte, la psicología también ha mostrado la fractura o esquicie psíquica que se produce en el momento en que falla el de amor materno (Balint, Winnicot), fractura sobre la que se construye el ego fratricida, y que éste mantiene para blindar y neutralizar la psique primaria humana. Pese a todo, el deseo materno entraña la continuidad de la vida humana, y seguimos viviendo contradictoriamente, con las dos moneditas de Machado (más de una que de otra, según la expansión producida del amor primario y las condiciones del entorno, según la rigidez de la fractura, según el ego, en definitiva, según el grado de deterioro  de cada persona). 

             Para ver como impacta de por vida la falta de madre normal, sólo unos datos de la formación del sistema neurológico, que nos permiten vislumbrar el impacto general: el desarrollo neurológico sólo está pautado genéticamente hasta más o menos las primeras 12/14 semanas de gestación, y luego ya depende de la interacción con la madre; además nacemos sólo con un 25 % del cerebro formado -a diferencia de los demás mamíferos, que nacen con un 80 % del cerebro ya formado-. La falta de amor materno produce descargas de hormonas del stress y del miedo (cortisol, adrenalina…) cuya persistencia a su vez produce una toxicidad neuroquímica que incide en la formación del cerebro. Este depende pues de la interacción con la madre durante la gestación intra y extra-uterina. Concretamente, según Lloyd de Mause, las áreas del cerebro relacionadas con la producción empática no se desarrollan si no hay suficiente cuidado materno, haciendo entonces posible la indiferencia empática compatible con el fratricidio y la crueldad.

     Michel Odent también ha hecho una recopilación de estudios epidemiológicos que muestran esta correlación, y que resume en una frase: health is shaped in the womb.                                                         (Ponencia I Congreso Internacional de Parto y Nacimiento.en.casa, Jerez, 2000).                                                                                                                     .  En definitiva, la perversión de la maternidad es una estrategia para sabotear el desarrollo del ser humano.(Ver El Asalto al Hades, Capítulo II, La Represión del deseo materno, etc. colgados en esta web)                

    (Explicaciones más extensas y referencias de los campos de la neurología y de la psicología en El matricidio y la represión del deseo materno a la luz de la neurología y de la práctica clínica neonatal, colgado en esta web).

 

– La repercusión social de la alteración del proceso de formación del ser humano.

      La repercusión de la maternidad en la sociedad humana, la resumía San Agustín en la siguiente sentencia: Dadme otras madres y os daré otro mundo. La obra pionera en el establecimiento de esta correlación en términos antropológicos, fue el Das Mutterrecht de Bachofen (…aquellas primitivas generaciones de mujeres, con cuya desaparición, desapareció también la paz sobre la Tierra), basada en hechos históricos recogidos en la literatura antigua, que posteriormente han sido corroborados por la arqueología. Esta correlación entre el tipo de madre y el tipo de sociedad también ha sido comprobada desde diferentes campos del conocimiento.

    Michel Odent (El bebé es un mamífero, Mandala, Madrid, 1990, pags. 64-65) hizo una recopilación de algunas de las prácticas, ritos y recetas para interferir en el proceso de formación del ser humano, que se han inventado y puesto en práctica a lo largo de la historia.  Por ejemplo, los espartanos que tiraban a los bebés rodando por la ladera de una montaña, y los vikingos que los colgaban de un árbol alimentándolos con tuétano, conocían sus efectos para alterar el proceso de formación de la criatura humana, en términos de acorazamiento psicosomático y de eliminación de las producciones empáticas naturales (que hoy se conocen con detalle en términos neurológicos y psicológicos), con el objetivo entonces no simulado de crear pueblos de guerreros y esclav@s, es decir, la civilización de la dominación y del fratricidio.  En esta, por otro lado breve, recapitulación de Odent, destacan los mitos y otras prácticas para promover la separación de la madre de la criatura, encaminadas a interceptar la función del deseo materno en la formación del ser humano, y que ponen de manifiesto el conocimiento que siempre ha existido de su impacto social; mitos que propagan creencias tales como que el calostro es malo (la medicina ayurvédica en el s. II a.c., da una receta a base de miel y mantequilla para sustituir el calostro y la primera e importantísima leche, para la formación del bebé, de los cuatro primeros días), o que el demonio (la oxitocina y la prolactina) habita el cuerpo impuro y la leche de la madre, por lo que para salvaguardar a la criatura, debían de serles sustraídos, en tanto que la madre no pasara por ciertas ceremonias de ‘purificación’, ceremonias que por otro lado, se establecían en el plazo de tiempo suficiente para que la interrupción de la producción materna fuese efectiva; en la Biblia este plazo es de 8 días para los niños y 40 para las niñas, lo que prueba la discriminación por sexos de una represión directamente establecida con un fin social.  Estos son unos ejemplos de la implementación de la represión del deseo materno con el preciso objetivo social de pervertir al ser humano para adaptarlo a la dominación. Hoy, en la era de la dominación invisible y de la sumisión inconsciente, los mitos han cambiado y los objetivos se ocultan más.  La manipulación falaz de la obstetricia, de la sexualidad femenina, de la pediatría,  tomando el nombre de la Ciencia en vano y sus hallazgos con fines criminales, consagran la mayor perversión quizá de la maternidad de todos los tiempos.  Aunque se sigue aplicando sistemáticamente la separación de la madre del bebé, esta separación física ya no es imprescindible, puesto que la industria farmacológica suministra drogas eficaces para interceptar el deseo materno, en el parto, en el inmediato postparto y en la lactancia. 

      El 21 y 22 de mayo de 1991 tuvo lugar en Arlington (Virginia), con el patrocinio de la New York Academy of Sciences, un Congreso sobre ‘Oxytocin in Maternal, Sexual and Social Behaviours’ (Pedersen et al., Annals of the New York Academy of Sciences, Volumen 652,  Nueva York, 1992), un hito de la historia de la Ciencia que abrió las puertas para la recuperación de la maternidad; sin embargo, sus hallazgos se están utilizando principalmente en un sentido inverso, para ejecutar el matricidio con mayor precisión, eficacia y amplitud social.

     Otro hito en la historia de la Ciencia, en el sentido de desvelar la verdad del matricidio, fue el I Simposio de Antropología Sexual que tuvo lugar en el marco de la Central State Anthropological Society, en Lexington, Kentucky en mayo de 1965 (citado por Ernest Borneman en Le Patriarcat, Puf, Paris 1979).

 

6.- La perversión de la maternidad impide el desarrollo de las cualidades básicas in-formacionales del ser humano (in-formacionales = consustanciales a nuestra formación como especie; es decir, no unas cualidades cualesquiera, sino las más fundamentales y básicas que permitieron nuestra formación y fijación como especie): la capacidad de amar y de empatizar con los congéneres, la capacidad de raciocinio, la capacidad de entendimiento, en definitiva, su sociabilidad.

     La pérdida y/o deterioro de estas cualidades fundamentales supone un grave proceso de degeneración del género humano, que de no atajarse, y por tratarse de la pérdida de lo fundamental, nos conducirá a la desaparición. La esclavitud requiere destruir la capacidad de amar y la sociabilidad humana, pero esta es una maniobra suicida.  Como afirma el neurólogo norteamericano James W. Prescott:  without human love there can be no survival of Homo sapiens (“Breastfeeding: brain nutrients in brain development for human love and peace”, en Touch The Future Newsletter, Spring 1997).  También Odent en una reciente entrevista, afirmaba que la humanidad no puede sobrevivir si se hacen innecesarias las hormonas del amor, como pretende la nueva dominación y sus estrategias conductistas.   Pruebas de que este es un camino de degeneración humana son, por un lado, el malestar que produce y que crece en paralelo con el desarrollo de esta civilización, y por otro, el mismo hecho de que estamos destruyendo el ecosistema terrestre del que dependemos.  

  No es necesario decir que el desarrollo industrial, científico-técnico, etc., de nuestra civilización no justifican ni tendrían que comportar la destrucción de la capacidad de amar del ser humano, ni el matricidio ni la esclavitud.  Esta civilización contra natura no es la única posible; la historia y la arqueología han mostrado la existencia de civlizaciones técnica y culturalmente desarrolladas, sin dominación, y en sintonía con la naturaleza.  Contraponer la civilización a la naturaleza es una de las estrategias del discurso de la dominación, pero es una contraposición falaz; se trata de saber de qué tipo de civilización hablamos, si de civilizaciones esclavistas o de civilizaciones sin dominación: esa es la verdadera ‘contraposición’.     (Ver en esta web: La degeneración de la raza humana por la pérdida de sus cualidades fundamentales)

       En concreto hay abundante literatura científica que establece una correlación directa entre la violencia y el fratricidio, y la falta de verdadera madre.   

      (Ver La represión del deseo materno, II parte, capítulo 8; El matricidio y la represión del deseo materno a la luz de la neurología y de la práctica clínica neonatal, colgados en esta web. También El bebé es un mamífero (Michel Odent) y El placer corporal y los orígenes de la violencia (J. W. Prescott) colgado en sites.google.com/site/rescatando textos.  Otros textos de Prescott, como Breastfeeding: brain nutrients in brain development for human love and peace, o Only more mother-infant bonding can prevent cycles of violence pueden encontrarse en http://www.violence.de) 

 

7.-  La perversión de la maternidad en el grado de generalización actual supone una castración de la mujer, de la cual Freud hizo una constatación empírica. La historia de la mujer en este proceso histórico es una Iliada de sufrimientos, según expresión de Romeo de Maio (Mujer y Renacimiento, Mondadori, Madrid 1988); una represión particularmente inexorable, con palabras de Freud (La sexualidad femenina (1931) Obras completas, Tomo III, Biblioteca Nueva, Madrid 1968, pag. 518). Pero el que las mujeres, como parte de la humanidad, dejen de sufrir, aún siendo algo muy importante, ni siquiera es lo más importante en la encrucijada actual del mundo.       

     Wilhelm Reich (Reich habla de Freud, Anagrama, Barcelona 1970) dijo que mientras los embriones crecieran en úteros espásticos y los pechos de las mujeres no latieran adecuadamente, no habría parlamento ni constitución que pudiera hacer a los hombres libres. Reich quería decir que los parlamentos y las constituciones pueden y deben reconocer, proclamar y defender la libertad de los hombres y de las mujeres, y la sociedad ofrecer un tejido social adecuado; pero la libertad y la integridad de cada ser humano se hacen en el vientre y en el regazo materno.  Hay una cultura silenciosa, la del silencio del mar que nunca se calla, que desarrolla esta condición humana, y hay una cultura de la dominación, suicida, empecinada en promover el malestar y el sufrimiento humano, y en llevar a la humanidad a la autodestrucción.                                                                                  

   La obra de Niles Newton, investigadora del Obstetric School of Medicine de la Universidad de Pennsylvania, del Department of Psychiatry and Behavioural Sciences de la Northwestern University Medical School de Chicago, y ponente del Congreso de Arlington de 1991, explica que la sexualidad de la mujer concierne a más aspectos que los de las relaciones con el otro sexo,  aspectos que son completamente ignorados y despreciados en nuestra cultura; y denuncia que se haya separado la maternidad de la sexualidad de la mujer (Maternal Emotions, Paul Hoebber, Inc. Medical Book Department of Harper &Brothers, N.Y., 1955).  En diferentes momentos de la historia, la sexualidad de la mujer implicada en la maternidad se ha mantenido oculta tras el fantasma de la brujería, inventado precisamente con el fin de poder condenarla y reprimirla sin tener que mencionarla, eliminando todo rastro de su función bondadosa y benefactora para los seres humanos.                                                                  El deseo materno es la continuidad de la vida; la sustancia común de la que estamos hech@s, hombres y mujeres, de cualquier raza, de cualquier país, de cualquier religión o creencia política.

 

8.-  La perversión de la maternidad comenzó hace unos 6.000 años, como una estrategia para esclavizar seres humanos, y se extendió con la expansión de los imperios esclavistas patriarcales.

    Primero aconteció en pequeños grupos humanos en los que el hombre cambió la armonía natural entre los sexos por la dominación. El sometimiento de la mujer vino acompañado de una alteración y reducción falocéntrica de su sexualidad.  El dominio del hombre sobre la mujer y la represión de la sexualidad materna, están explícitamente concatenadas en el versículo 16 del Génesis 3, que reza así: Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos y buscarás con ardor a tu marido que te dominará (Nacar y Colunga, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1963); el tiempo futuro de los verbos indica que todavía en aquel presente las cosas no eran así. Esta perversión se extendió con la expansión de los imperios esclavistas patriarcales.  

    El ser humano, en su integridad original es incompatible con la dominación, y por ello, el objetivo de la perversión de la maternidad siempre ha sido y es el de sabotear el proceso de formación del ser humano (cambiar las madres para cambiar el mundo). Un ejemplo de esta incompatibilidad: los españoles en el siglo XVI exterminaron a los araucanos, la población indígena del Caribe, porque éstos, en su estado de integridad, no se pudieron adaptar a la esclavitud; entonces tuvieron que llevar esclavos de África para que trabajaran en las haciendas y dominios coloniales.

     La destrucción primitiva de la maternidad sobre la que se levantó el patriarcado y la dominación, es lo que divers@s autor@s han llamado ‘matricidio primitivo’, que se fijó social y culturalmente, con una abundante mitología general y, en particular, con la generalización de diferentes mitos sobre nuestros orígenes. La malformación o deformación del ser humano (la pérdida de sus cualidades fundamentales) fue y es un requerimiento de esta civilización esclavista, patriarcal, basada en relaciones de dominación y promotora del fratricidio humano.  Por más invisibles que sean hoy la dominación y la esclavitud, su esencia es la misma.

 

9.- A pesar de los hallazgos científicos, en la actualidad, la perversión de la maternidad ha alcanzado cotas demasiado altas, y además, dicha perversión está más generalizada que nunca.

     A comienzos del siglo pasado había una parte de la humanidad que todavía escapaba de este aspecto de nuestra civilización; pero los hallazgos de la medicina y de la tecnología se han implementado en un sentido favorable a la fijación de la perversión, acorde con la nueva esclavitud de los nuevos tiempos.

     Superados en cierta medida algunos mitos,  hay una contradicción flagrante entre el conocimiento y su aplicación, que solo se explica por la intervención política de los gestores, los nuevos sacerdotes, de la dominación.  Michel Odent (1999) hacía la siguiente mención sobre dicha intervención:    Estamos en condiciones de comprender por qué los personajes cuyos nombres están asociados tanto al nacimiento como a la capacidad de amar, encuentran poderosos obstáculos: hacen temblar los fundamentos de nuestras culturas (…)  podríamos explicar la tendencia muy expandida de neutralizar, colocar fuera de la ley, o perseguir a cualquiera que promulgue mensajes tanto sobre  la capacidad de amar como sobre la forma de nacer. (La cientificación del amor).

       Desde la medicina, desde la pediatría, desde la sexología científica, desde la psicología, desde la neurología, desde la endocrinología, desde la historia y la arqueología,  y desde otras ciencias, aplicadas y no aplicadas, se ha producido un esclarecimiento científico de la maternidad como proceso de formación del ser humano, y también un esclarecimiento del daño del matricidio para el conjunto de la humanidad; es decir, podemos explicar y entender de manera científica e irrefutable la correlación entre maternidad y sociedad, entre maternidad e individuo, entre matricidio y degeneración y eventual extinción del género humano.  Por eso la cuestión se dirime, se está dirimiendo, en términos políticos.  Es preciso, para hacer acopio de fuerzas y empujar en un sentido favorable a la supervivencia de la humanidad, saber los términos y el contenido real de esta guerra.

     

10.- De la recuperación de la maternidad depende el que la humanidad tenga o no tenga futuro.

      Aunque no aparezca en los titulares de la prensa ni en los informativos de las televisiones, y aunque, desde luego, las batallas contra el fratricidio, el genocidio, etc.,  son muchas y en diferentes frentes, y hay que estar en todas ellas, en mi opinión la supervivencia de la humanidad depende de que se pueda frenar el proceso de degeneración del ser humano, lo que supone recuperar la maternidad.   Además, en cualquier caso,  todos los pasos que se puedan dar en este sentido, por todo lo que dicha recuperación entraña, liberarían un caudal de fuerzas latentes, hoy replegadas, que serían sustento de las demás batallas.                                                                                                     La maquinaria criminal de la nueva dominación ha sido calificada de diversas formas: horror, terror moral, crueldad, sadismo, etc., que expresan un primer estadio de percepción del dolor, de la naúsea, o de la compasión que sus efectos nos producen; pero racionalmente, es decir, lo que solemos llamar científicamente, sólo se puede comprender en términos de degeneración del ser humano, de un determinado estado degenerado de la condición humana.  No basta con comprender la dimensión económica y política de la nueva dominación, cuya potencia y envergadura mueven a la colaboración o a la paralizaciónn de mucha gente; tampoco nos quedamos en el dolor o en la naúsea o en la compasión, por muy intensos que éstos sean, porque quedarnos ahí  también nos llevaría a la paralización.  Desde mi punto de vista, por eso  cuelgo estos escritos en  esta web, es necesaria la comprensión racional del proceso en curso de degeneración de la condición humana, como contexto o referencia para poder entender los demás aspectos de la nueva dominación -la misma ambición de dominar el mundo solo se puede entender en términos de degeneración humana.  Y frenar este proceso de degeneración hace imprescindible, además de otras muchas cosas, la recuperación de la maternidad.                                

       La recuperación de la maternidad por un lado puede parecer una cosa muy díficil y lejana, pero por otro, puede ser fácil e inmediata, puesto que está ahí, pertenece a nuestra condición humana.  Implica dos cosas también aparentemente difíciles: la recuperación de la sexualidad femenina, y la recuperación de las relaciones armónicas entre hombres y mujeres (pues no hay otro modo de recuperar la maternidad).  Pero ambas están latentes: todo el mundo prefiere, muchos hombres también, las relaciones armónicas a las relaciones de dominio; y todas las mujeres preferirían disfrutar de la maternidad en vez de padecerla, si supieran que ello es posible. Por eso, desde mi punto de vista, no es tan difícil recuperar la maternidad. En nuestra sociedad no solo hay una castración cultural, también hay una latencia irreductible, con una fuerza impresionante, que explica los continuos y enormes esfuerzos, las elaboradas estrategias de represión que implementa la nueva dominación para contenerla.  Por eso pienso que en realidad es muy fácil; por nuestra parte no tenemos que diseñar estrategia alguna, sólo  explicar la verdad de las cosas, y creo que hay mucha gente que las sabe y que está dispuesta a explicarlas. Y, por otra parte, son muy fáciles de entender; tan fáciles de entender como el documental Restoring the original paradigm de Nils Bergman,  cuya divulgación por ello ha sido objeto de un persistente sabotaje.  La dificultad es política, la política de la nueva esclavitud que intercepta la palabra; la política que utiliza, entre otras cosas,  inhibidores hormonales o relajantes musculares como armas para ejecutar el matricidio de forma invisible.              No podemos olvidar que la  nueva dominación con su nueva esclavitud, no sólo es una injusticia, acompañada de muchísimo sufrimiento, para el 99,9 % de la humanidad; es un suicidio. 

      

San Ildefonso, 2 de febrero 2012

(corregido el 8 de junio de 2012
   

 Artículo recogido de http://www.casildarodrigañez.org donde se pueden encontrar todos los escritos de esta excepcional autora

Read Full Post »

PARTO ORGASMICO- TESTIMONIO DE MUJER Y EXPLICACIÓN FISIOLÓGICA- por Casilda Rodrigañez


A propósito del artículo publicado el23.03.09 de VIV GROSKOP (The Guardian) en relación con el documental estadounidense sobre Parto Orgásmico  (www.orgasmicbirth.com)

 

      Los testimonios de mujeres que han tenido partos orgásmicos han sido recogidos por la sexología científica desde mediados del siglo pasado; Juan Merelo Barberá presentó un informe al respecto en el congreso de Ginecología de París en 1985 (1). Algunos de estos registros son: Alfred Kinsey del Institute for Sex Research de la Universidad de Indiana (EEUU) que cita tres casos (2); Masters y Johnsons del Reproductive Biology Fundation (Missouri, EEUU) citan doce casos en su libro Human Sexual Response (3); Shere Hite (4), en su Informe, dice haber recogido varios testimonios sin decir el número (con una cita textual de una mujer que aseguraba había sido el mayor orgasmo de su vida); en España, Serrano Vicens (5) se encontró algún caso, y el propio Juan Merelo halló nueve casos en su investigación; en Francia el Dr.Schebat del Hospital Universitario de Paris, en el propio hospital, registró, en un total de 254 partos, 14 casos de partos orgásmicos (2). Juan Merelo no cesó de insistir en que es más frecuente de lo que podamos pensar. La cifra que nos da ahora Ina May Gaskin (32 de 151 partos) es más alta, posiblemente debido a que se trata de partos en condiciones más naturales.
      ¿Roce de la cabeza del bebé en la vagina o eufemismo del dolor, como se apunta en el artículo de El Mundo
     
        Llevo muchos años buscando explicaciones fisiológicas coherentes para entender el parto, y la verdad sea dicha, me ha costado bastante encontrarlas, pese a que dichas explicaciones existen, eso sí muy diseminadas y en obras de difícil acceso para las personas de a pie. El mero funcionamiento básico neuromuscular del útero no lo encontré hasta que leí Revelation of childbirth de Read (6): unos músculos longitudinales y otros circulares que funcionan como un par sincronizado. Los circulares son los que cierran (el cervix) y los longitudinales los que empujan para hacer descender el feto. Cuando esto sucede, el sistema nervioso simpático que inerva las fibras circulares tiene que desactivarse para que estas fibras aflojen la tensión y no ofrezcan resistencia al movimiento de las longitudinales, que están inervadas al parasimpático. Este funcionamiento le hizo concluir a Read (7) que el miedo, que mantiene activo el simpático, es el que produce el parto con dolor, porque mantiene las fibras circulares contraídas y apretadas ofreciendo resistencia al movimiento de las longitudinales; los tirones que entonces pegan las fibras longitudinales a las circulares producen el conocido dolor del calambre. Efectivamente, la dificultad del parto en general no tiene que ver con las famosas caderas estrechas sino con la distensión de los músculos del útero, y el dolor de las contracciones del parto son calambres. Read comparaba el funcionamiento del útero con la vejiga urinaria, que tiene un funcionamiento aparentemente similar: las fibras circulares cierran para retener la orina, y se aflojan para permitir que el movimiento de las fibras longitudinales expulsen la orina de la vejiga.
      En la comparación que hace Read entre la vejiga urinaria y el útero creo que está la clave de la parte importante que le faltó para entender el funcionamiento del útero, porque los músculos del útero a diferencia de los de la vejiga urinaria, tienen receptores de oxitocina, y esto indica la existencia de un dispositivo específico para activar el reflejo muscular; un dispositivo que forma parte del sistema sexual.
     Comparando el funcionamiento del útero con el de los otros órganos en los que interviene el sistema sexual, podremos entender globalmente el funcionamiento del útero.
      Como explica Martín Calama (8) la presión que ejerce el bebé al succionar el pezón no sería suficiente para extraer la leche, y es necesario un dispositivo interno en la madre para el bombeo y eyección de la leche; un movimiento reflejo de las fibras mioepiteliales que recubren los alveolos de los pezones. Este dispositivo se activa al encajarse las moléculas de oxitocina, que llegan por el torrente sanguíneo, en receptores que se encuentran en dichas fibras mioepiteliales. Es decir, que el dispositivo que activa el reflejo de eyección de la leche pertenece a un proceso sexual, porque la oxitocina se segrega con la pulsión sexual; de ahí la relación entre el deseo materno y el éxito de la lactancia como ya señaló en su día Niles Newton (9).
     En su explicación sobre la fisiología de la lactancia, Matin Calama explica que los receptores de oxitocina en las mujeres, se encuentran además de en las mamas, en las fibras mioepiteliales de la vagina y del útero, y que a lo largo del embarazo aumentan incrementando la sensibilidad a la oxitocina que se segregará durante la lactancia. Esto nos aproxima a entender el continuum de la maternidad, como una continuidad de procesos del sistema sexual de la mujer.
      El tipo de mecanismo que activa la eyección del flujo que lubrifica la vagina para el coito, o el que bombea el liquido seminal desde la vesícula seminal y produce el reflejo de eyección del semen, es el mismo que el del reflejo de eyección de la leche; y también el del reflejo de los músculos uterinos para el proceso del parto.
Por eso se dice que el amor nos licua; por eso la humedad ha sido símbolo de la sexualidad y la sequedad de la castidad, de la penitencia y de los retiros espirituales en los desiertos (ver diccionarios de simbologías (10), Ortiz Osés (11), El agua, la vida y la sexualidad de Michel Odent (12), Mircea Eliade, etc.); por eso el propio deseo, la misma pulsión inicial que segrega la oxitocina, nos licua antes de proceder al acto sexual. Esther Pérez en su ponencia en las Jornadas Feministas de junio 2006, sobre su experiencia de relactación con una niña adoptada, explicaba que al ver salir las primeras gotas de leche de sus pechos pensó que era el amor que se licuaba en gotas blancas.
      Obviamente, el sistema sexual está implicado en muchísimas más funciones que la de activar los reflejos musculares de los órganos sexuales que aquí menciono, y la misma función de la oxitocina es un fenómeno muy complejo del que aquí se abstrae solo un aspecto para entender el parto. Tan sólo el seguimiento y la interacción de las demás hormonas sexuales conocidas nos da una idea de dicha complejidad. Creo que esto es obvio, pero es preciso decirlo, pues tan legítimo es el afán de conocimiento como necesaria la humildad ante la diversidad y la complejidad de la vida orgánica de la que tan sólo podemos aprehender una parte; pues creo que la inteligencia humana, al menos hasta el momento, no ha sido capaz de expresar semántica y conceptualmente lo más básico del funcionamiento de la vida, aunque ha dado pasos importantes en esta dirección (Kropotkin, Laborit… ver el artículo La función orgánica y social de la sexualidad en este site).     
     Volviendo al parto después de esta pequeña digresión: el sistema sexual que activa el reflejo muscular en diferentes partes del cuerpo es el mismo, pero los músculos del útero no se parecen en nada a las finas capas mioepiteliales de los pechos o de la vagina: los del útero son anatómicamente los músculos más potentes y fuertes del cuerpo humano, a la vista del impresionante trabajo que tienen que hacer para que salga el feto por ese famoso canal de nacimiento estrechado por el bipedismo de nuestra especie.
      Se ha dicho que el problema que este estrechamiento planteaba para el nacimiento se resolvió con el nacimiento prematuro. Pero no es del todo exacto. Si el nacimiento prematuro por sí solo hubiera resuelto la cuestión, sin duda habría más mamíferos en posición erecta. La especie humana no es la única que nace prematuramente y la neotenia no es un fenómeno específico humano. La resolución de la contradicción supuso, además del nacimiento prematuro, un desarrollo de la sexualidad sin precedentes en la cadena evolutiva, es decir, un desarrollo que sí es único y específico de los humanos, para promover el fantástico movimiento de los músculos del útero: el orgasmo femenino; porque el placer se produce con el movimiento pulsátil (vibración, temblor, latido) de los tejidos musculares, movimiento cuya expansión percibimos con la sensación de placer.
      La envergadura de las fibras musculares del útero nos da la medida de la fuerza expansiva de las mal llamadas contracciones del útero, (y digo mal llamadas porque en realidad es un movimiento de contracción-distensión, sístole y diástole, fibras que se encogen y luego se distienden, se vuelven a encoger y se vuelven a distender… ); quiero decir, que la fuerza expansiva de este latido del útero es mucho más importante que la que pueden producir las fibras musculares de las mamas o de la vagina.
      Entonces, la relación entre el pecho, el útero y la vagina se debe a que la oxitocina viaja por el torrente sanguíneo y alcanza sus receptores allí donde están, a saber, en las llamadas zonas erógenas del cuerpo, y cuando se desencadena un movimiento más o menos simultáneamente en dichas zonas, tenemos la sensación de una conexión entre ellas (los meridianos de placer dibujados por el arte neolítico). Ambroise Paré (1575) (13) atribuía la relación entre las mamas y la matriz, a conexiones del sistema nervioso, pero ‘la conexión’ no la realiza el sistema nervioso (por impulsos nerviosos), sino el sistema sexual, mediante la oxitocina está en el torrente sanguíneo y se engancha allí donde encuentra receptores adecuados. Esto explica que la excitación sexual de las mamas se extienda al útero, y que el proceso de expansión del placer puede empezar por donde sea pero si se mantiene y acaba en orgasmo, implica siempre al útero, el órgano de mayor masa muscular y que tiene o debería tener la mayor cantidad de receptores de oxitocina (según claro está el estado del útero; una ginecóloga me contaba que los úteros que operaban estaban a menudo en un estado atrófico impresionante).
     Por otra parte, la sexología ha explicado que efectivamente el útero es el centro erógeno básico de la mujer. Maryse Choisy (14) tras un seguimiento concreto durante 10 años de la sexualidad de 195 mujeres definió muy claramente el papel del útero en el orgasmo femenino. Aunque no sintamos el útero sino sólo el placer que expande, podemos imaginar la fuerza expansiva de esos supermúsculos… y saber a ciencia cierta que la intensidad del orgasmo es correlativa a la intensidad de los latidos del útero, como se ha comprobado por medio de electrouterograma. El matrimonio Masters y Johnson (15) efectivamente comprobó que en todos los orgasmos se producen ‘contracciones’ del útero, sea cual sea el origen del proceso orgásmico, y además registraron el latido del útero durante el orgasmo con electrodos intrauterinos (orgasmos simples, múltiples, relajación final…), registrando simultáneamente, con electrocardiograma, el sobre-esfuerzo del corazón correlativo al esfuerzo de los músculos uterinos.
      Hay que decir que en el útero hay un tercer tipo de fibras musculares que constituyen una capa interna en la pared de la bolsa uterina. Son músculos que rodean los vasos sanguíneos haciendo ochos y espirales, y su función es estimular y activar el riego sanguíneo para aportar el oxígeno necesario para el intenso trabajo que realiza el útero, y para retirar las sustancias de desecho (6). Poco a poco vamos entendiendo las claves del gran potencial y de la gran capacidad orgástica femenina.
      La desconexión interna corporal de las mujeres ha permitido la ocultación del papel del útero en la sexualidad; así por ejemplo, el ‘yoni’ de los tratados de sexualidad tántrica, literalmente quiere decir ‘útero’, y sin embargo se ha traducido por vagina, porque en nuestro paradigma de sexualidad el útero no existe. Pero digan lo que digan los manuales de sexualidad, lo sintamos o no, el útero es el órgano de expansión del placer por antonomasia. El funcionamiento y la envergadura muscular del útero, como digo, explican la famosa capacidad orgástica femenina puesta de manifiesto por Serrano Vicens, quien comprobó que dicha capacidad no es ni mito ni enfermedad, y que la ninfomanía es un epíteto calumnioso y misógino para tratar de hacer anormal y patológico lo que es normal y natural.
       Así pues, el parto orgásmico no lo produce el roce de la cabeza del feto en la vagina, y todavía menos es ‘un eufemismo del dolor’ (para esto último me remito también a Read). El parto orgásmico se produce porque el propio movimiento del útero es en sí mismo productor de placer, siempre que los músculos funcionen acompasadamente, según el proceso sexual normal; que es lo que sucede cuando el parto se produce de forma natural y se activa según la forma establecida filogenéticamente, por el sistema sexual de la mujer. Leboyer (16) sin necesidad de electrodos intrauterinos también describió los dos tipos de contracciones, las generadoras de placer y las generadoras de calambres y de intolerables sufrimientos.
     En la ‘contracción’ normal del parto, dice Leboyer, el útero se encoge muy lentamente en un movimiento que empieza arriba y va bajando poco a poco, al llegar abajo hace una pausa y luego empieza lentamente a distenderse de abajo hacia arriba, y al llegar arriba vuelve a hacer otra pausa; dice Leboyer que se asemeja a la respiración de un niño cuando duerme plácidamente y vemos cómo su pecho sube y baja lentamente con cada respiración. También describe las otras contracciones que conocemos tan bien: el útero en lugar del movimiento lento que empieza arriba y va bajando lentamente, se contrae entero en bloque, todo a la vez. Es un movimiento brusco que se suelta también bruscamente. Es decir, es un movimiento espasmódico en lugar de un latido lento y pausado.
     El tipo de movimiento que realizan los haces musculares del útero en el parto es el mismo que el que realizan durante el orgasmo: es decir, son o debieran ser el mismo tipo de ‘contracciones’; no del todo iguales porque las ‘contracciones’ del parto tienen que llegar a la total apertura de la boca del útero, un proceso que debe hacerse despacio y suavemente, para que ni la madre ni la criatura sufran, y que por eso, en condiciones normales dura entre 1 y 5 horas (mientras que un útero espástico puede tardar 24 ó 40 horas, (17)). En cambio, el orgasmo fuera del parto no tiene otra misión que la descarga de la líbido para la regulación corporal, y concretamente para la preparación del útero para el día que tenga que abrirse (lo mismo que los óvulos anidan periódicamente para cuando el nido efectivamente haga falta); este orgasmo fuera del parto, que no tiene que abrir la boca del útero, dura sólo segundos; pero son contracciones del mismo tipo que las del parto en cuanto al latido acompasado y sincronizado de los haces musculares longitudinales y circulares, y también en cuanto al incremento de la pulsación cardiovascular para acompañar el esfuerzo muscular. (Hay otras similitudes histológicas, etc., que recoge Niles Newton en un cuadro comparativo en Maternal Emotions (9)). Una prueba de la similitud entre ambos tipos de ‘contracciones’ (la del orgasmo y la del parto), la tenemos a la vista en el electrouterograma del orgasmo realizado por Masters y Johnson (3). También Leboyer (16) asegura que en su documental Autour de la naissance,estas contracciones placenteras y verdaderamente adecuadas se pueden reconocer en el exterior, en el mismo movimiento del vientre que las acompaña (como el del ejemplo del movimiento que produce la respiración del niño mientras duerme plácidamene), así como por el rostro de la mujer que camina hacia el éxtasis (no he visto el documental a pesar de llevar buscándolo desde que leí el libro de Leboyer, hace muchos años; si alguien lo tiene en su versión íntegra,
le agradecería una copia).
parto orgasmico

Esto explica también otros testimonios: los que refieren la existencia de pueblos enteros que desconocen el dolor en el parto (Montaigne (18), etc.). También el tono imperativo del ‘parirás con dolor’ que indica que en ese momento no era así pero que sabían cómo conseguirlo.  

        Y esta es la otra pregunta importante: ¿cómo es posible que de forma tan generalizada el parto se produzca con dolor?

    Es de suponer que no será uno sino muchos (entre ellos, el stress y el miedo que señala Read) los aspectos de la distorsión del proceso normal del parto. En cualquier caso, el útero espástico está causado de forma inequívoca por la represión sexual de la mujer desde la infancia; y esto es coherente con estudios realizados sobre la densidad de los receptores de oxitocina. Odent, en la Cientificación del amor (19) recoge un estudio realizado en Suecia y otros, que ha mostrado que esta densidad es variable y a veces escasa (las muestras de tejido uterino de mujeres a las que se les había practicado cesárea tenían una escasa proporción de receptores de oxitocina). Lógicamente, si las mujeres no desarrollan una suficiente cantidad de receptores de oxitocina y el útero carece de sensibilidad suficiente a la oxitocina, difícilmente podrán parir. La variabilidad de la densidad de los receptores de oxitocina nos remite también a la vida sexual de la mujer antes del parto: en qué medida ha desarrollado o no ha desarrollado sus pulsiones sexuales, en qué medida ha desarrollado o no lo ha hecho los receptores de oxitocina. Y aquí es donde cobran sentido las pulsiones sexuales de la infancia, que claro está no se producen por nada, y mucho menos porque el demonio habite los pequeños cuerpos humanos, sino porque tienen una función fisiológica. El desarrollo corporal humano establecido filogenéticamente, incluye las pulsiones sexuales infantiles para promover la madurez de sus órganos, y en concreto, promover el movimiento de los músculos uterinos en las niñas. Por eso nos encontramos con juegos, corros y bailes sexuales (20) infantiles y compartidos con mayores, en las culturas de sexualidad espontánea. Estos juegos y bailes estimulaban y promovían la expansión de las pulsiones que mantenían los úteros de las niñas activos; es decir, no sólo no se prohibían las manifestaciones de la sexualidad infantil, sino que se propiciaban y se amparaban culturalmente. En nuestra civilización siempre había habido algún margen de expansión sexual clandestina, las brujas con sus escobas (que no eran para volar por los aires) etc.; pero ahora l@s niñ@s están más vigilados que nunca y más programadas y más aislad@s, y cada vez tienen menos posibilidades de desarrollar sus pulsiones. En la Grecia clásica la sexualidad entre adult@s y niñ@s estaba normalizada (21), mientras que ahora ni se contempla la posibilidad de que dicha sexualidad surja espontáneamente y con la complacencia y el consentimiento del niñ@, sino que automáticamente se califica de abuso de poder adulto y como agresión sexual, dando por sentado que el niño o la niña no puede tener impulsos, deseos o apetencias sexuales.  Hasta el punto de que los medios de información (también llamados de ‘formación’ de masas) identifican ‘pedofilia’ con violación’.
      Creo que hoy, aparte de la medicalización de la maternidad y de las tres generaciones de partos hospitalarios que, como dicen Wagner, Bergman y otr@s, tanto daño han hecho y siguen haciendo, tenemos también un mayor deterioro de la sexualidad femenina, gracias al marketing sociológico del falocentrismo, a la fuerza impactante de los medios audiovisuales y a las estrategias psicológicas de dicho marketing. Con esto quiero decir, que si Serrano Vicens emprendiera ahora su investigación no creo que encontrase los mismos resultados que encontró en los años 50 del siglo pasado (un 2,5 % de las 1417 mujeres estudiadas tenían habitualmente 30 ó más orgasmos consecutivos).
      El parto orgásmico y la recuperación de la maternidad implican recuperar una sexualidad femenina perdida. Aunque ahora las mujeres creamos tener más libertad sexual que antes, en realidad tenemos más libertad formal pero más represión y más violencia interiorizada (los úteros espásticos y atróficos, los dolores de parto y de regla, así como los cánceres de útero y mama serían la punta del iceberg de esta violencia). Dicha recuperación supondría un cambio de paradigma de sexualidad femenina, recuperar la noción y el conocimiento antiguo que antes se tenía de la misma. Hoy por hoy existe una desinformación y un desconocimiento generalizado de la sexualidad de la mujer, como lo demuestra este artículo sobre el parto orgásmico.
La Mimosa 28 marzo 2009
NOTAS:
(1) MERELO BARBERA, J., Parirás con placer, Kairós, Barcelona 1980.
(2) Citado por Merelo Barberá y en el monográfico de Integral sobre Embarazo y Parto Gozosos
(3) MASTERS, W. y JOHNSON, V., Human Sexual Response, Little, Brown & Co, Boston 1966.
(4) HITE, Sh. El Informe Hite, 1977, citado por Merelo y en el monográfico de Integral.
(5) SERRANO VICENS, R. ,La sexualidad femenina, Júcar 1972; Informe Sexual de la Mujer Española, Lyder 1977.
(6) READ, G.D., Revelation of childbirth, William Heinemann Medical Books, 1945. El libro más conocido de
Read es :Childbirth without fear, 4th ed. Harper and Row, New York 1972;
(7) Junto con una investigación sobre el parto sin dolor en aborígenes africanas y también sobre los nociceptors que
determinan la sensibilidad al dolor.
(8) MARTIN CALAMA, J., ‘Fisiología de la Lactancia’, Capítulo 7 del Manual de Lactancia Materna, Asociación Nacional de Pediatría, editorial Médica Panamericana.
(9) NILES NEWTON, Maternal emotions, Nueva York 1955.
(10) Por ejemplo Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot, Ed.Siruela, Madrid 1969, voces ‘sequedad’, etc.
(11) ORTIZ OSÉS, A. Las claves simbólicas de nuestra cultura Anthropos, Barcelona 1993.
(12) ODENT, M. El agua, la v ida y la sexualidad, Urano, Barcelona 1991.
(13) AMBROISE PARÉ, L’Anatomie, Livre I, ‘Sur la generation’, 1575. Citado por Yvonne Knibielher
en Histoire des Mères, Montalba, 1977.
(14) CHOISY, M., La guerre des sexes, Publications Premières, Paris 1970.
(15) Para quien no tenga el libro de Masters y Johnson, Human Sexual Response, en donde se publicaron los electro-
uterogramas del orgasmo, están recogidos en mi librito Pariremos con Placer (2ª edición): http://www.casildarodriganez.org
(16) LEBOYER, F. El parto: crónica de un viaje, Alta Fulla, Barcelona 1976.
(17) WILHELM REICH (1952), en Reich habla de Freud Anagrama, Barcelona 1970.
(18) MICHEL E. MONTAIGNE, Ensayos, libro I, XVI.
(19) MICHEL ODENT, La Cientificación del Amor, Creavida 2001. Los estudios que cita son:
– REZAPUR, M. et al., Myometrial steroid concentration and oxytocin receptor density in parturient women at term.
Steroids 1996; 61:338-44
– FUCHS, AR., et al., Oxytocin and the initiation of human parturition. Stimulation of prostaglandin production in
human decidua by oxytocin
. Am. J. Obstet. Gyneco. 1981; 141:694-97
– SOLOF, M., HINKO, A., Oxytocin in receptor and prostaglandin release in rabbit amnion, The Neurohypophisis,
Annals of the New Y. A.of Sciences, 1993, Vol 689:207-218
– INSEL Y SAPHIRO en: PEDERSEN ET AL., Oxitocin in maternal, sexual and social behaviours, Annals of the
New York Academy of Sciences, 1992; 6527
(20) GARRIDO, M.C., El juego del corro en la cultura femenina, Inédito 2006.
(21)FERNANDEZ DE CASTRO, CH., La otra historia de la sexualidad, Martínez Roca, Barcelona 1990.
A continuación un video sobre Partos Orgásmicos

Read Full Post »

Parto sin estrés

Parto sin estrés

Nada tiene que ver con la moda de lo natural. Ni siquiera con la idea, tan en boga, de volver a lo simple. Michel Odent (81) ha comprobado científicamente que los protocolos, técnicas e instrumentos que se utilizan en casi todas las clínicas de maternidad generan condiciones que frenan la liberación del flujo hormonal necesario para que se produzca el parto. La reina de estas hormonas es la oxitocina, encargada de relajar a la mujer y de ayudar a las contracciones para hacer fluido el parto. Las hembras de todas las especies de mamíferos secretan dicha sustancia, y en el mundo animal su contribución funciona a la perfección. Sin embargo entre los humanos, con tanto “progreso” médico, está pasando lo contrario. A la hora del parto, muchas veces se estimula la región cerebral del neocórtex, responsable del pensamiento racional, que provoca la producción de adrenalina, causante de tensiones que inhiben las contracciones necesarias para el nacimiento, y hasta pueden impedir la salida natural del bebé. Por eso, según Odent, “más que humanizar el parto, se trata de mamiferizarlo”. Autor de más de 50 papers científicos y 12 libros traducidos a 22 idiomas, como El granjero y el obstetra, La cientificación del amor, y La cesárea, su palabra es mundialmente reconocida al momento de hablar del tema. Su desempeño como encargado de la maternidad del Hospital de Pithiviers, en Francia, entre 1962 y 1985 es crédito más que suficiente para convertirlo en uno de los principales impulsores del alumbramiento con la mínima intervención de agentes externos, a la vez que lo confirma como el precursor de las piscinas en las salas de parto.–¿Por qué le parece urgente cambiar la manera habitual en que se llevan a cabo los nacimientos?
–Tiene que ver con mi propia experiencia. Esto comenzó cuando estaba encargado de la unidad de cirugía del Hospital de Pithiviers y, como había aprendido la técnica de la cesárea, me pusieron también a cargo de la unidad de maternidad. Fue una cosa accidental. Con la práctica, y al ir conversando con las parteras, me fui interesando más y más en los nacimientos. Les preguntaba cosas como: “¿Por qué se apuran en cortar el cordón?”, “¿Por qué rompen las membranas de manera rutinaria?” Y siempre me respondían que era lo que habían aprendido en la universidad. De a poco fuimos cuestionándonos esas cosas. Era un área rural, y nos dimos cuenta de que las mujeres campesinas se sentían intimidadas en el hospital, por eso fuimos reacondicionando el ambiente. Un día transformamos una sala de partos en una habitación cotidiana, con ambiente hogareño y sin ningún equipo médico visible. Compramos un piano e invitamos a las embarazadas a cantar juntas. Nos reuníamos todos; las par- teras las secretarias, las recién paridas. Después de cantar se relajaban y conversaban. Fue una manera maravillosa para que las mujeres se familiarizaran con la gente y el lugar. En otra oportunidad compré una piscina inflable, asumiendo que la inmersión en agua a la temperatura corporal podría facilitar el proceso del nacimiento y hacer que fluyese mejor la oxitocina, componente principal del cocktail de hormonas del amor que una mujer debiera generar al momento de dar a luz.
Descanso al intelecto
–¿Qué situaciones aumentan la adrenalina en el parto?
–Por ejemplo, muchas veces se reco- mienda a las mujeres estar de pie y caminar, con la idea de que la gravedad facilitará la bajada del bebé, pero cuan- do se entiende la importancia de las hormonas no se puede aceptar esta recomendación porque aumenta la adre- nalina. Una mujer en preparto debe estar pasiva, recostada, en una habitación que esté cálida, y lejos de personas que pue- dan estar liberando dicha sustancia, pues es contagiosa. Por eso conviene que la partera tenga un bajo nivel de adrenalina.

–¿Por qué es relevante que el neocórtex deje de funcionar durante el parto?
–Los seres humanos hemos desarrollado, a un grado extremo, lo que llamamos el cerebro neocórtex, que es donde está el intelecto. Esto hace más difícil nuestro proceso de parto, pues las inhibiciones provienen desde la actividad del cerebro pensante. El parto no es asunto del intelecto; por tanto, cuando una mujer está dando a luz, el neocórtex debe dejar de trabajar, y eso es lo que ocurre. Una parturienta se evade hacia otro estado, es indiferente a todo lo que pasa alrededor, olvidando lo que ha aprendido, pudiendo comportarse de maneras consideradas inaceptables para mujeres civilizadas. Puede gritar, decir pavadas, ser maleducada o impropia, puede ubicarse en posturas extrañas, o hablar cosas sin sentido. Todo eso significa que la parte racional dejó de trabajar y es una buena señal. La mujer debe ser protegida de la estimulación del neocórtex.

–¿cómo se evita estimular el neocórtex?
–El mayor estimulante del neocórtex es el lenguaje, y es la interferencia negativa más común en el parto. Se debe evitar hablar, y lo que se diga debe hacerse con extrema precaución. Es importante evitar cierto tipo de lenguaje más racional y numérico. Se debe evitar preguntar cosas a las mujeres en parto. Es increíble el número de preguntas inútiles que se les hace. Para entender esto se puede
hacer una analogía con el acto sexual. Si una pareja está en un estado pre orgásmico, y de pronto la mujer le pregunta a su marido qué quiere comer para la cena, esa pregunta estimulará su neocórtex y puede interrumpir el proceso.

–¿Qué otros factores debemos cuidar?
–El efecto de la luz, pues esta también estimula el neocórtex. Hoy sabemos que existe una hormona llamada de la oscuridad, que es la melatonina. Para dormir, una persona apaga las luces, y con eso favorece la generación de melatonina, la cual reduce la actividad neocortical. Así ayuda a la persona a caer en el sueño, de la misma manera en que puede ayudar a una mujer a caer en trabajo de parto. Otra situación que estimula el neocórtex es la sensación de ser observados. Esto tiene muchas implicancias prácticas: se puede contras- tar a una partera parada enfrente de una mujer dando a luz, observándola, con otra que se queda en un rincón sin lla- mar la atención. Debemos tener cuidado también con cualquier instrumento de vigilancia, como cámaras, monitores, y otros equipos médicos. Esta necesidad básica no está bien comprendida por el mundo médico, ni siquiera entre los promotores del parto natural.

                             
–Son todas cosas bastante simples en realidad.
–Son cosas de sentido común pero que se han olvidado. La sensación de seguridad es lo central. ¿Y cuál es el prototipo de la persona con quien te pue- des sentir segura sin sentirte observada? Esa persona es la madre. De ahí viene la palabra matrona, con que también se llama a las parteras. Por eso es muy importante redescubrir su rol como una madre, una mujer protectora. Eso implica un redescubrimiento de lo que es la partería auténtica y la importancia de la protección del parto. El desafío en el siglo XXI no es adquirir conocimiento, sino retomar el conocimiento adquirido desde la antigüedad y que está en contradicción con los condicionamientos culturales que tenemos.

Empoderar a la madre


–¿Cuáles son los principales con- dicionamientos culturales que nos afectan?
–Después de miles de años de socia- bilización del nacimiento, el condiciona- miento cultural dominante es que una mujer no tiene el poder de dar a luz por sí misma, y hay necesidad de interferencias externas. El resultado es que la mayoría de las mujeres necesitan asistencia farmacológica y otras intervenciones, la institución médica hace el trabajo de “sacar” a los bebés. Esto des- empodera a la mujer y está en contradicción con lo que entendemos desde la perspectiva fisiológica, donde la clave es la protección de un proceso involuntario.

–¿Por qué usted dice que hay que mamiferizar el parto en lugar de humanizarlo?
–Porque estas necesidades básicas de las mujeres no son específicamente humanas. Todos los mamíferos necesitan sentirse seguros para poder dar a luz. Si una hembra de cualquier especie está lista para parir en la selva, y percibe la presencia de un depredador, libera adrenalina y tiene energía para pelear o escapar. Y lo que hace es posponer el parto para cuando se sienta segura. Por eso es necesario eliminar el lenguaje y todo lo que es específicamente humano,
para satisfacer las necesidades básicas mamíferas. Por lo mismo nunca uso el término “humanización” del parto. Yo hablo de “mamiferizar”. Incluso, cuando quiero ser provocador, recalco que lo más específicamente humano es usar herramientas, por lo que el más alto grado de parto humanizado es la cesárea.

–¿Cuáles piensa que son las consecuencias para la sociedad de la alta tasa de cesáreas?
–Meses atrás en París hubo una conferencia sobre obstetricia y gineco- logía, y me pidieron que hablara sobre el futuro de una humanidad nacida por cesárea. En verdad, no puedo dar ese tipo de respuestas. Solo puedo decir que es importante hacerse la pregunta.
Hay una tendencia de plantear los objetivos de una manera negativa, y normalmente se dice que se debe reducir el porcentaje de cesáreas. Pero esto puede ser peligroso como objetivo en sí. Si la obsesión es reducir el número de cesáreas, el resultado puede derivar en partos vaginales más largos y difíciles, que al final lleven al uso de fórceps y cesáreas de emergencia. De ahí que el objetivo deba expresarse de manera positiva: ¿qué hacer para que la mayo- ría de las mujeres den a luz gracias a la liberación de un cocktail de hormonas del amor? Y la conclusión es, una vez más, satisfacer las necesidades básicas de la mujer en el momento del parto, para que este ocurra fácilmente y como tiene que ser.

Read Full Post »

De parto, con guión y dirección de Mariona Ortiz y Anna Masllorens se emitió en Documentos TV el lunes 30 de octubre de 2006, y se convirtió al instante en un referente básico para entender la atención al parto de nuestro país.

En el documental participan diferentes profesionales, como el obstetra francés Michel Odent, Marsden Wagner (director del departamento materno-infantil de la OMS entre 1979 y 1994) y José Manuel Bajo Arenas, presidente de la sociedad española de ginecología y obstetricia.

Han pasado ya 6 años desde que se realizó este documental y algo ha cambiado a mejor, sobre todo por el número de madres que se están concienciando de la importancia de que sean ellas las que se empoderen y dejen de ser meras sujetas pasivas del sistema médico, pero todavía queda mucho por hacer para que los nacimientos sean cada vez más humanizados y menos medicalizados,por el bien de  madres y bebés.

Read Full Post »

Casida Rodrigañez es una escritora e investigadira nacida en Madrid en 1945.Junto con Ana Cachafeiro creó la Asociación antipatriarcal. Ha investigado en profundidad sobre cómo la naturaleza de la relación madre-criatura y de la primera fase de la vida se nos oculta sistemáticamente. El deseo que traemos al nacer como motor de la vida cuando no encuentra respuesta se convierte en una “carencia básica”: a partir de esta carencia básica se produce toda la sumisión de las criaturas al Poder PatriarcalObras:

  • La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Madre Tierra, 1996.
  • La sexualidad de la mujerEkintza Zuzena, 1999.
  • El asalto al Hades. La rebelión de Edipo, 1ª parteTraficantes de sueños, 2001.
  • Pariremos con placer. Ediciones Crimentales, 2007.
  • La sexualidad y el fundamento de la dominación. La rebelión de Edipo, 2ª parte
     Pueden descagarse todos sus libros y artículos desde su página web :  www.cadildarodrigañez.org 
Tender la Urdimbre El parto es una cuestión de poder

 

INTRODUCCIÓN

La primera duda sobre el parto, es decir, sobre todo lo que normalmente se asocia a un parto: dolor, dificultades y riesgos diversos, médicos, controles de embarazo, quirófanos y salas de parto, llanto y reanimación de bebés, etc., nos alcanzó al darnos cuenta de que la Biblia dice a la mujer ‘parirás con dolor’, en tiempo futuro; es decir, que de algún modo también se dice que no había sido así en el pasado ni lo era, al menos de forma generalizada, en aquel presente, hacia el 2000-2500 a.c. Podemos ya datar el comienzo del parto con dolor y del nacer sufriendo, porque desde hace unas décadas estamos presenciando los efectos de la llamada ‘revolución arqueológica’ (1) que comienza después de la II Guerra Mundial. Se trata del desenterramiento físico de la sociedad PRE-patriarcal, que los padres de nuestra civilización habían conseguido mantener oculta para la gran mayoría. Este desenterramiento físico nos está desvelando la verdad históricaque yace oculta en los mitos sobre nuestros orígenes divulgados por las diferentes culturas y religiones. Mitos que en general han manipulado y cambiado el sentido de los grandes cambios sociales, guerras y acontecimientos que tuvieron lugar a lo largo de 3000 años de transición y consolidación de la sociedad patriarcal, con el objetivo de borrar de la memoria y de la imaginación el modo de vida anterior. La duda suscitada por el ‘parirás con dolor’ se convirtió en legítima sospecha cuando leímos a Bartolomé de las Casas (2) quien, entre otras cosas interesantes, dice que las mujeres del Caribe de hace 500 años parían sin dolor -la generalización del patriarcado no alcanzó aquellas islas hasta la llegada de la expedición de Colón-. Voy a tratar de explicar brevemente las dos grandes interrogantes que esto, el que se pueda parir y nacer sin sufrimiento, nos plantea: el cómo y el por qué. El cómo fisiológicamente puede haber esa diferencia abismal en los partos, y el por qué se produjo el cambio.

1.- PARIR Y NACER SIN DOLOR ES POSIBLE (3) (I) (II) La diferencia entre un parto y un nacimiento con dolor o con placer creemos que reside en la sexualidad y en el deseo sexual de la mujer. Si se trata de una mujer que ha desarrollado su sexualidad, y su cervix se abre en un proceso de excitación sexual, o si se abre sin ese proceso. Esta afirmación requiere entender lo que es el útero: (III) El útero es una bolsa de tejido muscular de fibra lisa y de fibra estriada, con una puerta de salida que puede cerrarse herméticamente y abrirse hasta los famosos diez cm. para que salga el bebé. La bolsa uterina integrada en el cuerpo de la madre fue un gran invento evolutivo que resolvió de forma prodigiosa la contradicción entre la consistencia del envoltorio protector para que crezca el embrión, y su salida al llegar a término. Pues el tejido muscular es fuerte y al mismo tiempo elástico y flexible; elástico para albergar a la criatura según va creciendo, fuerte para apretar las fibras musculares del cuello y aguantar 10 ó 12 Kg.. de peso contra la fuerza de la gravedad (somos mamíferas que adquirimos la posición erecta, dejando el orificio de salida a merced de la gravedad), y flexible para la total relajación y apertura de la salida. Y todo esto con un dispositivo de cierre y apertura que se activa mediante las conexiones neuromusculares y la sexualidad de la mujer. Este dispositivo de apertura no es otra cosa que el orgasmo y el proceso de excitación previa, pues no es el dolor, sino el placer, como decía Ola Raknes (4), lo que hace rodar la rueda de la vida. El Poder ha creado el Valle de Lágrimas, pero la vida es el Jardín del Edén. (IV-V) Veamos cómo van encajando las piezas del puzzle: sabemos que la oxitocina que se inyecta en vena para provocar o acelerar un parto, es la misma hormona que segregamos durante la excitación sexual. Sabemos (Masters y Johnsons (5)) que en todo orgasmo femenino se producen contracciones uterinas. También, según, la sexóloga y psicoanalista Maryse de Choisy (6), que el verdadero orgasmo femenino es cérvico-uterino, al menos en su origen. Quizá no lo hayan relacionado con el parto, pero en zonas remotas de Arabia Saudita, la mujer que está de parto se ve rodeada de mujeres que bailan la danza del vientre, “hipnotizándola con sus movimientos rítmicos ondulantes para que también ella se mueva a favor del cuerpo en lugar de moverse contra él” (7). Y las mujeres de la India visualizan e imaginan pétalos de loto desplegándose para favorecer la apertura del cervix. (7) (VI) Detrás de la famosa ‘danza del vientre’, está, aunque nos la hayan ocultado, la danza del útero. Hay diferentes testimonios escritos de la Antigüedad, que hablan de úteros que se movían. Platón decía que el útero era un animal que vagaba por el cuerpo de la mujer y que se enojaba cuando estaba insatisfecho; en el Corpus hipocrático del siglo IV a.c. se menciona varias veces el ‘vientre errante’ de las mujeres. Areteo de Capadacia en el siglo II escribió que el vientre de la mujer ‘es un animal dentro de un animal’ porque vaga por su cuerpo (8). En la Grecia clásica se asociaba el desplazamiento hacia arriba del útero con los trastornos nerviosos o ‘histéricos’ (ya sabemos que histeria viene de hysteron, útero), y trataban de curar la enfermedad y de mover el útero aplicando olores tóxicos en la boca y la nariz (9). El útero se representaba con un pez en el expresivo arte neolítico de la Vieja Europa (1), dedicado no a la manipulación sino a la recreación de la vida; y hay imágenes de mujeres con un pez dibujado en el vientre (VII); el mismo útero se representaba por todas partes, (VIII) en las cenefas y frisos; su repetición rítmica, en serie, entre huevos y espirales, etc. (IX) representaban la evolución y la generación periódica de la vida. Y el movimiento erótico de la mujer con ondas serpenteantes sobre sus cuerpos (X) o que salían de los pechos y del útero (XI).

Anfora micénica con representaci0ones de serpientes, pulpos y medusas

Durante al menos 5 milenios fue el útero y no el corazón el símbolo del amor y de la vida, representado en todo tipo de objetos; al igual que la serpiente, (XII) símbolo aún más generalizado de ese movimiento erótico, de la sexualidad de la mujer, durante varios milenios de civilización no patriarcal. Ha habido muchas otras representaciones simbólicas del útero y de la sexualidad de la mujer desconocida en nuestro mundo, que no podemos detallar aquí. Sabemos que cuando la mujer se excita sexualmente, el útero empieza a latir, como un corazón, pero un poco más lentamente; como una ameba que se contrae y se expande, como el latido del cuerpo de una rana (los Taironas representaban el útero con una rana (10) (XIII)). En cada latido, el útero también se extiende y desciende, como un movimiento ameboide, hasta hacerse incluso visible desde el exterior en estado de excitación fuerte. Por eso en la Grecia clásica la mujer frígida era la mujer que tenía el útero arrinconado arriba . Este palpitar del útero no son sino los movimientos rítmicos de su tejido muscular impulsado por la emoción erótica; lo que desde nuestra perspectiva patriarcal que ha eliminado el deseo de la función reproductora, llamamos ‘contracciones. La emoción erótica es la que hace palpitar el útero de modo placentero; y cuando la mujer recupera la sensibilidad y se restablece la unidad psicosomática útero-conciencia, como dice Merelo Barberá, (3) puede consciente o semi-inconscientemente acompañar ese movimiento, pues el útero también tiene conexiones neuromusculares con el sistema nervioso voluntario y el neocortex. Dejándonos llevar por la emoción erótica, las mujeres podemos, al igual que otras hembras mamíferas, ‘empujar’ los músculos uterinos, en el momento de la diástole de su latido, ampliando su onda expansiva, meciéndonos en la ola de placer, al mismo tiempo que mecemos a la criatura. Y sabemos que cuando el latido se convierte en las contracciones violentas de nuestros partos dolorosos, no solo las sufrimos nosotras, también la criatura las sufre (11). El nacimiento es un acto sexual que se realizaría con la máxima gratificación del placer si la sexualidad de la mujer que pare no estuviese destruida. Incluso en nuestra sociedad, los que han investigado un poco el tema han censado una tasa de partos orgásmicos, mucho más elevada de lo que nos podemos imaginar (12), muchos de ellos dolorosos y orgásmicos al mismo tiempo. Hay unos versos mesopotámicos, de los tiempos anteriores a la esclavitud de la mujer que dicen: Ninsurga, la gran madre, contrae la matriz y desencadena el parto (13). Esto nos da a entender que, con una sexualidad recuperada, la mujer podría incluso inducir, o contribuir voluntariamente a la inducción del parto. Por cierto que Ninsurga, también llamada ‘Nintur’ era conocida como ‘la señora de la cabaña del nacimiento -o paridera’ y como ‘la señora del útero’. (14) En su último libro Frederik Leboyer (15) afirma: ¿Que hace sufrir a la mujer que da a luz? … la mujer sufre debido a las contracciones… unas contracciones que no acaban nunca y que hacen un daño atroz, ¡pero son calambres! todo lo contrario de las ‘contracciones adecuadas’. ¿Qué es un calambre? Una contracción que no cesa, que se crispa y se niega a soltar su presa y, por lo tanto, no ‘afloja su garra’ para transformarse en su contrario: la relajación en la que normalmente desemboca. En otras palabras, lo que hasta ahora se había tomado por contracciones ‘adecuadas’ eran contracciones altamente patológicas y de la peor calidad. ¡Qué sorpresa! ¡Qué revelación! ¡Qué revolución en ciernes!. Efectivamente, es una revolución, una revolución calostral como dice Michel Odent (16) porque la recuperación del parto y de la extero gestación son una misma revolución contra las bases mismas del Poder. El parto duele porque los músculos que no se usan se atrofian y se agarrotan, y porque duele extender un músculo rígido, semiatrofiado. Sabemos que cuando los músculos quedan inmovilizados durante un tiempo por una escayola, necesitan ejercicios de rehabilitación para recuperar su elasticidad y su funcionalidad. Imaginemos lo que sería recuperar la elasticidad de un brazo de una persona adulta que ha permanecido inmovilizado toda su vida; imaginémoslo y desaparecerá la perplejidad que nos produce hoy el hecho de que se pueda parir con placer y de que pueda haber tanta diferencia entre una y otra clase de partos. Y si además tenemos en cuenta la conjunción de la inmovilización del útero con los factores del miedo y de la ignorancia, tendremos la explicación de por qué el ‘parirás con dolor’ es una ley que ha quedado ‘atada y bien atada’ por el Poder. Pues en cambio sí que se cuidan muy bien de que ignoremos todo sobre nuestra sexualidad y de que estemos bien informadas del dolor de los calambres del parto. Porque el miedo que se añade a la situación descrita, nos hace contraer los músculos en lugar de relajarlos y extenderlos, actuando en contra de la fisiología del parto; así nadamos en contra de las olas en lugar de a favor de ellas. Tan rígido y contraído está el útero de una niña cuando llega a la adolescencia, que hasta la mínima apertura del cervix para la menstruación produce fuerte dolor. Pero el útero es recuperable y sabemos de jóvenes que tenían reglas muy dolorosas, que han dejado de tenerlas después de adquirir conciencia de su útero, visualizándolo, sintiéndolo y relajándolo. El útero es el centro del esqueleto erógeno de la mujer. Filogenéticamente está preparado para funcionar produciendo placer y no dolor, lo mismo que está filogenéticamente previsto que el coito sea placentero. Lo que no está filogenéticamente previsto son las violaciones, es decir, las relaciones de Poder de nuestra sociedad que obliga a hacer funcionar el aparato reproductor de la mujer sin deseo y sin proceso de excitación sexual. Como tampoco está previsto filogenéticamente, en el continuo de la especie humana, que una mujer se haga adulta sin desarrollar su sexualidad. En resumidas cuentas, desde nuestro punto de vista, el ‘parirás con dolor’ [el ‘no usarás tu útero’] es el correlato de la destrucción de la sexualidad de la mujer, hecho histórico que comienza con la nueva era de jerarquización y de relaciones de Poder de un sexo sobre otro, y que se consolida paralelamente a la consolidación y generalización de la sociedad patriarcal. Este hecho histórico ha sido en cierto modo reconocido incluso por el mismo Freud cuando afirma que ‘el continente negro’, la sexualidad desconocida de la mujer, tenía que haber sido objeto de una represión específica, remota y particularmente inexorable (17).

2.- ¿POR QUE NECESITA EL PODER QUE EL PARTO Y EL NACIMIENTO SEAN DOLOROSOS? Estamos con la segunda pregunta: ¿por qué le estorba al Poder la sexualidad femenina? ¿Por qué necesita que el parto y el nacimiento sean dolorosos, y cómo consiguieron que fueran así? La respuesta es: por la cualidad específica de la líbido materna y su función en la vida humana autorregulada, tanto en el desarrollo individual de cada criatura humana, como en las relaciones sociales, en la formación social. Vamos a tratar de verlo más despacio: Las producciones libidinales se producen en general para la autorregulación de la vida y para su conservación. La sensación de bienestar que producen sus derramamientos y acoplamientos es la guía -como antiguamente lo era la estrella polar para los navegantes- de que todo está funcionando armónicamente, que todo va bien. La líbido femenino-materna se sitúa precisamente en el principio, para acompañar la aparición de cada ser humano, y es imprescindible para que el desarrollo de cada criatura sea conforme a su condición y al continuo humano; para producir el bienestar y la autorregulación de la vida. En todos los mamíferos hay un ‘imprinting’ o atracción mutua entre la madre y el cachorro, pero en la especie humana, que somos una especie neoténica con un prolongado periodo de exterogestación y no sólo de crianza, este ‘imprinting’ se produce con una enorme producción libidinal para sustentar todo ese periodo de Inter.-dependencia. Como dice Balint (18) se trata de un estado de simbiosis (y no una serie de acoplamientos puntuales) entre madre-criatura que necesariamente implica la mayor catexia libidinal de toda nuestras vidas.

Esta especialmente fuerte catexia libidinal, para contrarrestar el fenómeno neoténico y asegurar la supervivencia, explica el que las mujeres fueran las primeras artesanas y agricultoras, y el origen de la civilización humana, según informa ya la antropología académica. (19) (XIV) (XV) Porque la cualidad específica de la líbido materna es el devenir pasión irrefrenable por cuidar de la pequeña criatura (que es, por otro lado, quien la ha inducido); por alimentarla, protegerla de la intemperie, del frío y de la sequías, para darle bienestar; esta pasión desarrolló la imaginación y la creatividad de las mujeres para recolectar, hilar, tejer, hacer abrigos, conservar y condimentar alimentos, hacer cacharros con barro, etc. etc.. Es la condición misma, la cualidad del deseo y de la emoción materna, que para ese cuidado de la vida mana de los cuerpos maternos. Cualquier invento de amor espiritual no es sino una mala copia, un pálido reflejo de la intensidad, de la pasión y de la identificación absoluta del cuerpo a cuerpo madre-criatura. Y esta cualidad específica de la líbido materna, no es una casualidad ni una arbitrariedad. El cuerpo materno durante la exterogestación es nuestro nexo de unión con el resto del mundo durante la etapa primal, porque desde ese estado de simbiosis se pueden reconocer nuestros deseos y necesidades; a la vez que ese estado potencia las facultades y energías necesarias para satisfacerlas. Ahora bien, nuestra sociedad actual no tiene nada que ver con la vida humana autorregulada; desde hace 5000 años vivimos en una sociedad que no está constituida para realizar el bienestar de sus componentes sino para realizar el Poder. Y por eso al Poder le estorba la sexualidad de la mujer, los cuerpos de mujeres que secretan líbido maternal. (XV) 1-4 Porque una sociedad con cuerpos femeninos productores de líbido materna es incompatible con todo el proceso cotidiano de represión que implica la educación de niños y niñas en esta sociedad. La socialización patriarcal exige que la criatura se críe en un estado de necesidad y de miedo; que haya conocido el hambre, el dolor y sobre todo el miedo a la muerte por abandono, que es lo que psicosomáticamente percibe cualquier cachorro de mamífero cuando se rompe la simbiosis. Por eso la sociedad patriarcal se ha ocupado a lo largo de estos milenios de romper la simbiosis madre-criatura (Michel Odent) (16), para que nada más nacer la criatura se encuentre en medio de un desierto afectivo, de la asepsia libidinal, y de todo tipo de carencias físicas, para las que su cuerpo no estaba preparado. Desde este estado, que es el opuesto al de la simbiosis, se organiza su supervivencia a cambio de su sumisión a las normativas previstas por la sociedad adulta, a cambio de ser ‘un niño@ buen@’, es decir, que no llora aunque esté sólo@ en la cuna, que come lo que decide la autoridad competente y no lo que la sabiduría de su organismo requiere; que duerme cuando conviene a nuestra autoridad y no cuando viene el sueño; que se traga en fin los propios deseos para, ante todo, obtener una aceptación de la propia existencia que ha sido cuestionada con la destrucción de la simbiosis; complaciendo a l@s adult@s y a nuestras descabelladas conductas, sometiéndose inocentemente a nuestro Poder fáctico, se acorazan, automatizan y asumen las conductas convenientes a esta sociedad de realización del Poder -llámese dinero etc.- Así comienza la pérdida de la sabiduría filogenética de 3600 millones de años y el acorazamiento psicosomático. El acorazamiento tiene dos aspectos básicos: 1) la resignación ante el propio sufrimiento (condición emocional para la sumisión) y 2) la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno Es decir, que para sobrevivir en este mundo hay que congelar la sensibilidad emocional específica de las relaciones de ayuda mutua en la vida humana autorregulada: pérdida de la inocencia, pérdida de la confianza puesto que no hay reciprocidad: una congelación y un acorazamiento necesarios para luchar, competir e imponerse sobre el de al lado, en la guerra de conquista de posiciones, de escalada de peldaños, de expoliación y de acaparamiento; porque aunque sólo pretendamos sobrevivir, en este mundo para no carecer hay que poseer, y para poseer hay que de algún modo robar y devastar, y para devastar y robar hay que ser capaces ejercer la violencia contra nuestro@s hermano@s. Para lograr este acorazamiento psicosomático en cada criatura humana individual, hombre o mujer, y el aprendizaje de las conductas y de las estrategias fratricidas y jerárquico-expansivas de realización del Poder -lo que eufemísticamente se llama educación-, se necesitan cuerpos de mujeres que engendren y paran sin desarrollo sexual y libidinal. La represión del imprinting y la prohibición de mimar y complacer a las criaturas está por ejemplo muy claramente expuesta en diversos textos bíblicos: mima a tu hijo y verás lo que te espera, doblégale cuando aún es tierno, etc. etc.; y la rebelión contra el padre se castiga en la con la pena de muerte. Veamos la función de la líbido materna desde la perspectiva de las relaciones sociales: (XVI) En 1861 Bachofen (20) escribió un libro en el que explica, basándose directamente en algunos autores de la Grecia antigua, la cualidad y la función social y civilizadora de la líbido maternal en las primeras sociedades humanas; lo que ahora ya la antropología con la nueva aportación de la ‘revolución arqueológica’ están confirmado; Bachofen dijo que la fraternidad, la paz, la armonía y el bienestar de aquellas sociedades del llamado Neolítico en la Vieja Europa, procedían de los cuerpos maternos, de lo maternal, del mundo de las madres. No de una religión de las Diosas ni de una organización política o social matriarcal, sino de los cuerpos maternos (21). Es decir que aquella sociedad no provenía de las ideas o del mundo espiritual, sino de la sustancia emocional que fluía de los cuerpos físicos y que organizaba las relaciones humanas en función del bienestar; y de donde salían las energías que vertebraban los esfuerzos por cuidar de la vida humana. Esta vertebración de las relaciones humanas desde lo maternal, lo explica así la antropóloga Martha Moia (22): el primer vínculo social estable de la especie humana… fue el conjunto de lazos que unen a la mujer con la criatura que da a luz… El vínculo original diádico madre/criatura se expande al agregarse otras mujeres… para ayudarse en la tarea común de dar y conservar la vida…unidas por una misma experiencia, formando lo que esta autora llama el ‘ginecogrupo’. En el ginecogrupo el vínculo más importante era el uterino, el haber compartido el mismo útero y los mismos pechos. Este es el origen del concepto de la fraternidad humana, que se ha sacado de sus raíces físicas y se ha elevado a lo sobrenatural, para corromperlo y prostituirlo. El vínculo uterino entre un hombre y una mujer era algo fundamental para la reproducción de las generaciones en una sociedad con sistema de identidad grupal, horizontal y no jerarquizada, sin concepto de propiedad ni de linaje individual-vertical; es decir, con conciencia de reproducción grupal. Por cierto, que todavía existen aldeas en rincones perdidos del mundo que continúan funcionando de este modo (23). La díada madre-criatura y el despliegue de la líbido materna en los ginecogrupos creaba lo que Moia llama la urdimbre del tejido social, sobre la cual se entrecruzaba la actividad del hombre, la trama. Este encaje de urdimbre y trama daba como resultado ese tejido social de relaciones armónicas, por el que puede transcurrir la líbido autorreguladora sin bloqueos ni trabas; un campo social recorrido por el deseo productor de la abundancia y no de la carencia (24). La arqueología ha confirmado las relaciones armónicas entre los sexos y entre las generaciones de aquellas sociedades. (25) Pues no estamos hablando de teorías abstractas: nos referimos a civilizaciones humanas que se han descubierto que existieron desde el 10.000 a.c., geográficamente ubicadas entre el sur de Polonia y el norte de África, y desde los Urales hasta la península Ibérica, que se sepa. En cambio el tipo de sociedad esclavista que consiguieron imponer las oleadas de pastores seminómadas indoeuropeos que empezaron a asolar las antiguas aldeas y ciudades matrifocales, a partir del 4000 a.c., al principio esporádicamente, (26) no buscaban el bienestar y la armonía, sino la dominación para extraer, acaparar y acumular las producciones de la vida; es decir, crear Poder, a cualquier precio, con toda la violencia necesaria y con los quebrantamientos de la autorregulación de la vida que sus objetivos requirieran, con tal de sedimentar su Poder contra esta vida humana autorregulada. Para esto, para devastar, luchar, conquistar, matar, expoliar y acaparar se requiere un tejido social distinto del que se crea para el bienestar y conservación de la vida, partiendo de lo maternal. Un tejido de guerreros, de jefes de guerreros, de linajes de guerreros, de esclavos, de jefes de esclavos, de líneas de mandos, de mujeres disciplinadas y dispuestas a acorazar y adiestrar criaturas, es decir, de cambiar la maternidad por la construcción de los linajes verticales, y organizar la crianza de esos futuros guerreros dispuestos a matar y esclavos dispuestos a dedicar sus vidas a trabajar para los amos; mujeres enseñadas para enseñar a sus hijas a negar sus deseos, a paralizar sus úteros y a hacer lo mismo que ellas. Es decir, una sociedad con madres patriarcales, que no son verdaderas madres sino un sucedáneo de madres, que no crían a su prole para el bienestar y para su integración en un tejido social de relaciones armónicas que ya no existen, sino para el de la guerra y la esclavitud. (27) Como dice Amparo Moreno sin una madre patriarcal que inculque a las criaturas ‘lo que no debe ser’ desde su más tierna infancia, que bloquee su capacidad erótico-vital y la canalice hacia ‘lo que debe ser’, no podría operar la ley del Padre que simboliza y desarrolla de una forma ya más minuciosa ‘lo que debe ser’.(28) Entonces tenemos que la destrucción de la maternidad no sólo destruye algo básico en el desarrollo físico y psíquico de cada criatura, sino también y correlativamente, lo básico de nuestra condición social y de nuestra sociedad. Aquí no tenemos tiempo, pero esto se puede ver en el proceso histórico. A lo largo de 3000 años tuvieron lugar guerras de devastación de las pacíficas ciudades y aldeas matrifocales, durante las que se exterminaron generaciones enteras de hombres que las protegieron con sus vidas; guerras durante la cuales se esclavizaron generaciones de mujeres que vivían plenamente su sexualidad y parían con placer; generaciones con las que ‘desapareció la paz sobre la tierra’ según expresión de Bachofen porque con ellas desapareció el tejido social, el espacio y el tiempo en el que la maternidad es posible. Según Gerda Lerner (29), l@s niño@s fue la primera mano de obra esclavizada, por la facilidad de manejarlos y de explotarlos. A las mujeres de las aldeas conquistadas, se las mantenía vivas para la producción de mano de obra, montándolas y preñándolas como al ganado. Y así empezó la maternidad sin deseo, por la fuerza bruta. La consolidación y generalización del patriarcado fue un proceso discontinuo y largo, que fueron no décadas, ni siglos, sino varios milenios. Tras las guerras venían las treguas, las fronteras, el rearme, la vida bajo la amenaza y la presión del enemigo, es decir, los periodos de guerra ‘fría’, durante los que se crean las formas de sumisión voluntaria de la mujer, producto de diferentes pactos, basadas en las incentivaciones sociales y en el chantaje emocional, pero también en la búsqueda de situaciones que fueran el menor mal posible para ellas y para las criaturas. Además, la agresividad del guerrero o la docilidad del esclavo o de la esclava reside, desde luego, en que lo sea desde su más tierna infancia; pero también depende del arte de combinar el látigo y el hambre con incentivaciones, mitos engañosos y chantajes emocionales, de los que tenemos abundantes pruebas, no sólo arqueológicas, sino escritas, como el famoso Código de Hammurabi (30) (XVII), rey de Mesopotamia en el 1800 a.c., en un estadio ya avanzado de la transición. En los orígenes del patriarcado la paternidad era adoptiva, esto es, los primeros patriarcas adoptaban (31) a sus seguidores o filios entre los niños mejor educados y preparados para las guerras y el gobierno de los incipientes Estados, y las mujeres adquirían un rango en función del que adquirían sus hijos e hijas (esposas, concubinas, esclavas), de manera que incluso su supervivencia y la de sus criaturas dependían a menudo de su firmeza en el adiestramiento de éstas. Esto es un ejemplo de un tipo de incentivación que va conformando la madre patriarcal; la mujer que subordina el bienestar inmediato de sus hijo@s a su preparación para el futuro éxito social, en una sociedad jerarquizada y competitiva; y además que tiene su cuerpo disciplinado para limitar su líbido sexual a la complacencia falocrática. Según se va desapareciendo la sexualidad específica de la mujer y se va consolidando la maternidad sin deseo y la madre patriarcal, se van institucionalizando formas de matrimonio, porque ya se puede predecir a priori que una muchacha será, como se suele decir, ‘una buena madre y una buena esposa’ y que criará a su prole de forma adecuada. En realidad, el matrimonio y la paternidad tal cual la conocemos hoy data del Imperio romano. Entre los engaños míticos está la satanización de la sexualidad de la mujer. Como dice la Biblia: la maldad es por definición lo que mana del cuerpo de la mujer. “De los vestidos sale la polilla y del cuerpo de la mujer la maldad femenil”, dice la Biblia; y también que “ninguna maldad es comparable a la maldad de la mujer”. La mujer tiene que sentir vergüenza de su cuerpo incluso ante su marido, que debe cubrirse de velos, considerarse impura. Esto es una percepción efectivamente paralizante de los cuerpos. La mujer seductora y seducible, voluptuosa, sólo puede ser una puta y una zorra, absolutamente incompatible con una buena madre, cuyo paradigma es una virgen que engendra sin conocer varón y que tolera resignadamente la tortura y la muerte de su hijo en sacrificio al Padre. Con las generaciones se va perdiendo la memoria sobre la otra manera de vivir y de parir, la otra percepción del cuerpo de la mujer, cuyo rastro, retrospectivamente, podemos encontrarlo en tres lugares: en el Hades (a donde enviaron lo que no debe ser y debe permanecer oculto), en el infierno (a donde va todo lo que es maligno), y también en lo más hondo de nuestro ser psicosomático. La milenaria represión sexual de la mujer, acompañada de toda clase de torturas físicas y psíquicas, es algo relativamente bien conocido. Pero quizá no es igualmente sabido que esa represión ha tenido por objeto impedir que irrumpa nuestra sexualidad. Porque para que una mujer se preste voluntariamente a hacer de madre patriarcal, hay que eliminar la líbido materna, para lo cual hay que impedir el desarrollo de su sexualidad desde su infancia. Así se consuma el matricidio histórico, somatizándose en el cuerpo de cada mujer generación tras generación. Como dice Amparo Moreno, cada vez que parimos, afirmamos la vida que no debe ser, bloqueamos la capacidad erótico-vital de la criatura, para a continuación adiestrarla de acuerdo con el orden establecido. (28). Esta es la maldición de Yahvé: paralizar los úteros para paralizar la producción libidinal de la mujer, y cambiar el tejido social de la realización del bienestar por el tejido social de la dominación y de la jerarquía. Tras la devastación de la sexualidad y la paralización del útero, se construye ‘el amor materno’ espiritual, destinado ante todo a neutralizar y reconducir las pulsiones y los deseos que puedan impedir la represión y el adiestramiento de las criaturas; y junto a ese ‘amor’, se construye la imagen de la madre abnegada y sacrificada, dedicada a la guerra doméstica de vencer la resistencia de las criaturas a formar parte de este tejido social. La ‘cualidad’ del ‘amor’ espiritual es la de neutralizar la com.-pasión y el con-sentimiento que puedan irrumpir y agrietar las corazas, y que pueden llegar a hacer imposible la represión y el sacrificio de l@s hijo@s al Padre, al Espíritu Santo, al Capital, al Estado, al sistema de enseñanza obligatorio, etc. etc. Porque, en cambio, el amor que nos sale de las vísceras, a diferencia del que dicen que sale del alma escondida tras los cuerpos acorazados, sólo sabe complacer y aplacer a los hijo@s y es incompatible con el sufrimiento y con la angustia que presiden su socialización en este mundo.

3.- … Y QUE SEA INIMAGINABLE(LA DESAPARICIÓN DE LA SERPIENTE)

F. Leighton- El jardín de las Hespérides

Después de las guerras de devastación, ya constituida la sociedad patriarcal, siguió habiendo una dura y larga resistencia, durante la cual se siguieron exterminando a las mujeres que guardaban el rescoldo del antiguo modo de vida y de la otra sexualidad. Para justificar este holocausto, se creó la imagen de la ‘bruja’ que tiene trato con el demonio, que todavía perdura en nuestros días. Pero la vida es como es, y no deja de serlo, a pesar y en contra del Poder. Y para impedir que nuestra sexualidad se desarrolle, además de silenciarla había que hacerla inimaginable, eliminando todo aquello que pudiera delatarla o aludir a su eventual existencia. Por ello tuvieron que cambiar el significado de los símbolos de las culturas neolíticas, que habían estado durante milenios vinculados a nuestra sexualidad. Símbolos presentes en costumbres y objetos materiales de la vida cotidiana. Para conseguirlo se escribieron las historias y los mitos que cambiaron el significado y el sentido de aquellos símbolos (las grandes obras míticas, como la Biblia o la Iliada se escribieron en el siglo VIII a.c). El nuevo orden simbólico correlativo al nuevo orden social, proyecta en nuestra imaginación y en nuestro inconsciente el modelo de mujer patriarcal: una falsa percepción de nuestros cuerpos, con una orientación exclusivamente falocéntrica de nuestro anhelo emocional, que debe acompañar la relación de sumisión al hombre. (XIX). Este proceso de construcción del nuevo orden simbólico, se puede verificar siguiendo el rastro del que fue símbolo de nuestra sexualidad en casi todas las culturas: la serpiente. La importancia y la omnipresencia de la imagen de la serpiente había sido correlativa a la importancia del despliegue de la líbido femenina. (XIX’) Hacer que la serpiente desapareciera era imposible. Por eso lo que hicieron fue eliminar su fuerza simbólica, que mantenía viva la memoria, el recuerdo y la posibilidad de imaginar otra forma de ser mujer. Cambiaron su significado simbólico cambiando las historias míticas, y convirtiendo el movimiento ondulante de la serpiente en un símbolo de todos los males y de todos los demonios. También el asco que nos producen los reptiles, sus mucosas y sus pieles húmedas, es una construcción cultural paralela al asco y al pudor que sentimos hacia nuestros cuerpos y sus fluidos, y que tiene por objeto sacar de nuestra imaginación su sentido maternal y simbiótico. (XX) El orden simbólico tiene que hacer a lo bueno, malo, y a lo malo, bueno. Así, junto a la satanización de la sexualidad de la mujer, se sataniza también a la serpiente que pasa a ser el demonio del infierno judo-cristiano (XXI); y el infierno y el Hades pasaron a ser los lugares a donde va todo lo que no debe ser, por contraste de los cielos donde habitan los paradigmas de lo que debe ser; y el guardián del Hades en la mitología griega (XXII), fue el can Cerbero, hermano de la amazona Medusa, la de la cabellera de serpientes, que lleva también el lomo lleno de serpientes y su cola es una serpiente. La sirenas y las Nereidas que representaban la asociación de lo femenino con el agua, se convirtieron en monstruos marinos que atacaban a los héroes, como Escila que no deja a Ulises pasar por el estrecho de Mesina. Atenea, en un tiempo representada con serpientes (XXIII), pasa a ser la diosa de la guerra, y las serpientes pasan simbólicamente a manos de Esculapio, dios, como no, de la Medicina (XXIV), y de Hermes, dios de la fertilidad, de manera que la sexualidad femenina en vez de ser una emanación de la mujer para la autorregulación de la vida, pasa a ser algo administrado y gobernado por los dioses. En todas las culturas aparece el héroe o el dios que desafía y mata la serpiente: Zeus mata a Tifón (XXV), Apolo a la Pitón (XXVI), Hércules a la Hidra (XXVII), Perseo a Medusa y Jasón vence al dragón que guardaba al vellocino (XXVIII); el dios mesopotámico Marduk mata a las serpientes de la diosa Tiamet, (XXIX y el hindú Krisna a la serpiente-demonio Kaliya (XXX). En las culturas cristianas, después del famoso y explícito mito del Génesis (“pondré enemistad entre ti y la serpiente”), la virgen María vuelve a aplastar a la serpiente (XXXI), San Jorge al dragón de Inglaterra (XXXII), San Patricio a la serpiente de Irlanda, San Miguel a diversos dragones…

Apolo mata a Pitón- Rubens

Lo curioso es que en el cuadro del Museo del Prado que representa Apolo matando a Pitón, se indica que “simboliza el origen de nuestra civilización”. Siempre nos sorprendemos cuando descubrimos que ellos ya sabían estas cosas. Es la complicidad transgeneracional de los señores del Poder y de la Guerra. Fijaros que la resistencia al orden patriarcal a lo largo de los siglos la delatan los mitos: porque la virgen María tiene que volver a aplastar a la serpiente que ya había sido enviada por Jehová al Infierno 2500 años antes. Y en la Edad Media, para hacer las naciones modernas y acabar con el relativo descontrol de las aldeas desperdigadas por la tierra, siguen haciendo falta mitologías con santos que matan a las serpientes locales: San Jorge en Inglaterra, San Patricio en Irlanda, pueblos en donde los campesinos celtas animados por los druidas conservaron durante mucho tiempo reductos de antiguos modos de vida. Arturo es otro mito, en plena Edad Media que representa, al igual que Edipo, la tragedia de la transición. Arturo, no mata al dragón, sino que lo salva, y al principio llevaba su imagen en su estandarte porque era un caballero que defendía el antiguo modo de vida. Llevaba sendas serpientes tatuadas en ambas muñecas. (XXXIII) Junto al cambio de significado simbólico de la serpiente, está la inversión de lo que vale, del bien y del mal, y también, la significación de los que la matan: el héroe o el santo. Matando a la serpiente, el santo salva nuestras almas y el caballero o el príncipe azul, nuestros cuerpos. Dice Robert Graves que muchas de estas historias son versiones falseadas de las originales; y asegura que las fábulas de las doncellas salvadas por héroes, que matan a los dragones o a los monstruos, sólo puede deberse a un error ‘iconotrópico’: porque la doncella o la princesa no es la futura víctima de la serpiente, sino que ella es quien ha sido encadenada por Bel, Marduk, Perseo o Hércules después de haber vencido éstos al monstruo que era una emanación de ellas.

4.- TENDER LA URDIMBRE… He intentado explicar por qué el parto es una cuestión de Poder. Parir con dolor no es una cuestión médica, ni una cuestión de la salud de nuestros cuerpos individuales. Recuperar el potencial sexual femenino y revitalizar nuestros úteros es una revolución social contra 5 milenios de cultura patriarcal, porque sociedad que no puede funcionar con cuerpos de mujeres que secreten líbido materna. El malestar de nuestra cultura se debe a todo lo que desencadena la robotización de la función materna, al desquiciamiento de la sexualidad, las relaciones patológicas y el desierto afectivo que este desquiciamiento produce. Lo malo del chupete, por ejemplo, no es que el pezón sea de plástico, lo peor es el cuerpo que falta detrás del chupete. Lo peor es la orfandad, la falta de calidez (32). Este mundo es inhóspito, porque han matado a la madre y todos y todas somos huérfano@s (27), y por eso no nos podemos reconocer como hermano@s. No debe extrañarnos que la lucha contra los hábitos y costumbres de la maternidad patriarcal encuentre tanta dificultad. Creo que para ir abriendo camino hay que poner en marcha la ayuda mutua práctica y cotidiana entre las mujeres; así como un nuevo tipo de relación entre hombres y mujeres que recupere el espacio y el tiempo de la maternidad. Pues nuestros cuerpos vivos sólo necesitan un poco de conciencia para desatar toda su potencia sexual, un caudal infinito latente de energía y pasión por el bienestar de los demás. (XXXIV) Sabemos que es destino de todos los cuerpos femeninos y masculinos, hacerse regazo y no coraza. Además están ahí nuestros hijos e hijas, nuestras criaturas, reclamando su derecho a tener madre, a nacer gozosamente y a encontrar un mundo donde vivir con calidez y armonía. Hay que recuperar la transmisión por vía oral de la verdadera sabiduría de lo que es bueno y de lo que es malo; esta es una vía que es mucho más difícil de controlar y manipular para cambiar el significado de las cosas. Hay que correr la voz. Se acabó el acceso prohibido a la ciencia del bien y del mal. Se acabó el Hades y todo lo que allí ocultaron. Las mujeres tenemos que contarnos muchas cosas. De mujer a mujer, de mujer a niña, de madre a hija, de vientre a vientre. (XXXV) (XXXVI) (XXXVII) Porque lo que se plantea no es una preparación al parto distinta, que comenzase con cada gestación. Es la recuperación de una sexualidadque debe impregnar todas nuestras vidas y las de nuestras hijas, desde pequeñas. Para parir con placer, hemos de empezar por explicar a nuestras hijas que tienen útero, que cuando se llenan de emoción y de amor, palpita con placer; recuperar las verdaderas danzas del vientre, para que cuando lleguen a la adolescencia no tengan reglas dolorosas, sino que se sientan en ese estado especial de bienestar similar al de la gravidez. Hemos de hacer hogueras para quemar los informes médicos del tipo del recientemente aparecido que afirma que la menstruación es una enfermedad y que hay que eliminarla tomando píldoras ininterrumpidamente (33). Hemos de re-conquistar nuestros cuerpos y re-aprender a mecer nuestro útero, a conectar sus inervaciones voluntarias con las involuntarias; sentir su latido y acompasarlo con todo nuestro cuerpo. Que la exuberancia de nuestra plena sexualidad acabe con las contracciones dolorosas y sólo haya el movimiento palpitante de nuestros músculos relajados y vivos.(XXXVIII)

El baño turco- Ingres

También tenemos que pedir a los hombres que no duden, como Arturo, y que no se quiten las serpientes de las muñecas, ni quiten el dragón de los estandartes. Hay que dejarse de rivalidades. Ni envidia del pene ni envidia del útero. La envidia es el correlato de la jerarquía. En la vida no hay jerarquía, hay fenómenos y funciones diversas. Ni el corazón tiene envidia del hígado, ni el sistema circulatorio es superior al digestivo, por decir algún ejemplo. La diversidad tienen que funcionar para que haya armonía, que no es ningún estado místico, sino la sensación de bienestar que produce la vida autorregulada. Para restablecer la armonía entre los sexos tiene que haber sexo femenino; para que haya encaje armónico entre la urdimbre y la trama, hay que tender primero la urdimbre. Hay que recuperar la maternidad, el espacio y el tiempo de la simbiosis primaria.

BIBLIOGRAFÍA (1) Expresión acuñada por el arqueólogo James Mellaart (Cathal Huyuk, Nueva York, McGraw Hill, 1967, y Excavations at Hacilar Edimburgo, University Press, 1970) que ha trabajado en los sitios arqueológicos de Turquía. La excavación de Hacilar fue prohibida y paralizada definitivamente por el Gobierno inglés, “uno de los capítulos más trágicos en la historia de la arqueología” según Mellaart. Ver también la obra de Marija Gimbutas, que ha hecho un estudio al respecto en base a varios miles de piezas decoradas y talladas en la llamada ‘Vieja Europa’: Diosas y dioses de la Vieja Europa, Madrid, Istmo 1991, y El lenguaje de la diosa Oviedo, Dove 1996. (2) De las Casas, Bartolomé. Historia de las Indias. Fondo de Cultura Económica, México, 1986 (1ª publicación 1552) (3) Según Merelo-Barberá, J. Parirás con placer. Kairós, Barcelona, 1980. (4) Ola Raknes “Educación económica sexual” International Journal of Sex Economy and Orgone research, vol 2, 1943. (5) Masters, W. y Johnsons, V. Human Sexual Response. Intermédica, México 1978. (6) Choisy, M. La guerre des sexes Publications Premièrs. Paris 1970. PG 45-47 (7) AAVV. Mamatoto: la celebración del nacimiento. Plural ediciones, Barcelona 1992. (8) Citados en: Anderson, B.S. y Zinsser, J.P. Historia de las Mujeres: una historia propia. Crítica, Barcelona 1991. (9) Sagan, D. Por qué las mujeres no son hombres, El País 02.08.1998 (10) Ver Museo del Oro en Santa Fe de Bogotá. (11) El sufrimiento fetal durante el parto ha sido detectado por varios autores; por ejemplo, Konrad Stettbacher Pour quoi la souffrance? Aubier, Paris 1991. (12) Véase estudios del Dr. Serrano Vicens y del Dr. Schebat del Hospital Universitario de París citados en Parirás con placer, así como los del propio Juan Merelo Barberá. (13) Jacobsen, Thorkild. The Treasures of Darkness Yale Un. Press, 1976 PG 108. (14) Pepe Rodríguez Dios nació mujer Ediciones B.,S.A., Barcelona, 1999 Pág..314. (15) Leboyer, F. El parto: crónica de un viaje, Págs.. 244-246 Subrayados nuestros. (16) Odent, M. El bebé es un mamífero. Mandala, Madrid, 1990. (17) Freud llega textualmente a decir: El conocimiento de una época PRE-edípica en la mujer ha provocado en nosotros una sorpresa similar a la que, en otro campo, suscitó el descubrimiento de la civilización minoico-micénica anterior a la civilización griega. Todo, en el ámbito de la primera vinculación con la madre, me parece difícil de captar analíticamente, oscuro, remoto, sombrío, difícil de devolver a la vida, como si hubiera caído bajo una represión particularmente inexorable. Sobre la sexualidad femenina (1931), Obras completas, tomo III Pág.. 518. Madrid, Biblioteca Nueva, 1968. Citado por Silvia Tubert en Figuras de la Madre. (18) Balint, M. La Falta Básica Paidós, Barcelona 1993 (1ª publicación: Londres y Nueva York 1979) (19) Pepe Rodríguez, obra citada. Ver por ejemplo también, la obra del paleontólogo norteamericano Stephen Jay Gould. (20) Bachofen, J.J. Mitología arcaica y derecho materno. Anthropos, Barcelona, 1988. (1ª publicación, Stuttgart, 1861). (21) Subrayamos este aspecto, porque en las versiones castellanas de Bachofen, se viene traduciendo ‘mutterlich’ (maternal), ‘muttertum’ (entorno de la madre) y ‘mutterrecht’ (derecho de la madre) por ‘matriarcado’. Sin embargo cuando Bachofen se quiere referir al ‘archos’ femenino de la transición, utiliza el término de ‘gynecocratie’. (22) Moia, M. El no de la niñas la Sal ediciones de les dones, Barcelona, 1981 (23) Ver artículo de Paca Díaz en El Semanal del Diario La Verdad de Murcia, del 16-22 de Julio 2000, “Los Musuo, el último matriarcado”. (24) Deleuze, G. y Guattari, F. El anti-edipo, capitalismo y esquizofrenia Paidós, Barcelona, 1985. (25) En esto ya no hay discusión, empezando por la misma Gimbutas. (26) Gimbutas, Mellaart, Eisler, Rodríguez etc. (27) Sobre el matricidio, ver particularmente la obra de Victoria Sau: La maternidad: una impostura Revista Duoda, nº 6 Barcelona, 1994; El vacío de la maternidad Icaria, Barcelona 1995, entre otros. (28) Carta de Amparo Moreno a la Asociación Antipatriarcal, Boletín nº 4, Madrid, diciembre 1989. (29) Lerner, G. La creación del Patriarcado Crítica, Barcelona, 1990. (30) El código de Hammurabi son 282 leyes (con un prólogo y un epílogo) grabadas sobre un falo de basalto de 2,05 m., que se encuentra en el Museo del Louvre; esta leyes regulan ya un sistema de propiedad y de adopción pormenorizado. Edición de Federico Lara Peinado en Tecnos, Madrid, 1986. (31) Sobre el origen adoptivo de la paternidad, véase por ejemplo el estudio de Assmann en el Antiguo Egipto: en Tellenbach, H. et al. L ‘imagen de père dans le mythe et l’ histoire. PUF, Paris 1983 (32) Moreno A. Pensar la historia a ras de piel ED. Tempestad, Barcelona, 1991. (33) Ver artículo en el diario El Mundo del 1 de julio 2000 de Myriam López Blanco: “¿Debería ser opcional la menstruación?” Congreso Internacional de Parto y Nacimiento en casa 20, 21 y 22 de octubre de 2000. Jerez de la Frontera. España.                                 

                                                                   Casilda Rodrigañez

l

Read Full Post »

Las ciencias biológicas de los años 90 nos enseñan que es la primera hora que sigue al nacimiento la que conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar.

Cuando acudimos a la biografía de grandes figuras de la humanidad que comúnmente asociamos con el amor, como pueden ser Venus, Buda y Jesús, se nos presenta la manera en que tuvo lugar su nacimiento como una fase muy importante, como un momento crítico en el desarrollo de sus historias vitales. Por contra, la biografía de personajes famosos, políticos, escritores, artistas, científicos, gente del mundo de los negocios y sacerdotes suele comenzar describiendo detalles de la infancia y educación. ¿Podría indicar esta notable diferencia entre ellos que el nacimiento es un momento crucial en el desarrollo de nuestra capacidad de amar?

Las ciencias biológicas de los años 90 nos enseñan que es la primera hora que sigue al nacimiento la que conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar. Durante el proceso del nacimiento, segregamos una serie de hormonas que permanecen en los sistemas corporales tanto de la madre como del bebé justo después del nacimiento. Ambos, la madre y el bebé, se encuentran entonces en un equilibrio hormonal cuya duración tiene una naturaleza vital corta y que, además, no volverá a presentarse en el futuro. Si consideramos las funciones de estas hormonas y el tiempo que tardan en ser eliminadas por parte de nuestro organismo, entenderemos entonces que cada una de estas diferentes hormonas cumple exclusivamente un papel igualmente diferenciado en la interacción madre-bebé.

Son estas mismas hormonas las que funcionan en cualquiera de los aspectos relacionados con lo que conocemos como amor. Datos recientes que van aportando diferentes ramas de la literatura científica vienen a presentar, en esta línea, una nueva visión de la sexualidad. Existe una hormona del amor al igual que también contamos con un sistema de recompensa que opera cada vez que, como animales sexuales que somos, hacemos algo que es necesario para la supervivencia de la especie.

«La primera hora que sigue al nacimiento conforma todo un período crítico en nuestro desarrollo de la capacidad de amar»

La oxitocina se encuentra en medio de cualquier aspecto relacionado con el amor. Primeramente es secretada por una primitiva estructura de nuestro cerebro llamada hipotálamo; posteriormente pasa a la glándula pituitaria posterior desde donde, bajo circunstancias específicas, es liberada repentinamente en el torrente sanguíneo. Hasta hace bien poco, venía sosteniéndose que la oxitocina era un tipo de hormona característica del sexo femenino cuyo único papel consistía en estimular las contracciones uterinas durante el trabajo de parto y el parto, así como las contracciones del pecho durante la lactancia. Hoy se sabe que la oxitocina es una hormona tanto femenina como masculina y que se encuentra presente en diferentes aspectos de la vida sexual.

Función de la oxitocina en la excitación sexual

Hace muy poco que ha salido a la luz la función de la oxitocina durante la excitación sexual y el orgasmo. Esto, tras innumerables experimentos con oxitocina en ratas y otros animales de laboratorio. Por ejemplo, cuando se inyecta la oxitócica a aves domésticas de corral y palomas, la mayoría, un minuto después de la inyección, empieza a moverse a ritmo de vals, a agarrarse unos a otros por las crestas y a montarse. Hace ya décadas que viene utilizándose la oxitocina con animales en cautividad con fines relacionales. Es ahora cuando contamos con estudios científicos que muestran los niveles de oxitócica durante el orgasmo en los humanos. El equipo [de investigación] de Mary Carmichael de la Universidad de Stanford en California ha publicado un estudio en el que se tomaron medidas de los niveles de oxitocina entre hombres y mujeres durante la masturbación y orgasmo. Estas mediciones se realizaron por medio de muestras de sangre recogidas continuamente a través de un catéter fijo en vena (1). Los niveles obtenidos antes del orgasmo, durante la estimulación, resultaron ser superiores entre las mujeres que entre los hombres. Ciertamente, ya eran superiores durante la segunda fase del ciclo menstrual en comparación con la primera fase. También las mujeres presentaban niveles significativamente superiores que los hombres durante el orgasmo; de la misma forma, las mujeres multiorgásmicas obtenían un pico más elevado durante el segundo orgasmo. En el orgasmo masculino, la oxitocina ayuda a inducir las contracciones de la próstata y las bolsas seminales. El efecto inmediato que conlleva la liberación de oxitocina durante el orgasmo femenino es el de inducir el tipo de contracciones uterinas que ayudan a transportar el esperma hacia el óvulo. Existen datos de estos hechos datados ya en 1961 aportados por dos médicos americanos y obtenidos durante una operación ginecológica. Ocurrió cuando, antes de realizar la incisión abdominal, fueron introducidas partículas de carbono en la vagina de la mujer, cerca del cérvix, a la vez que le era administrada una inyección de oxitocina. Luego, encontraron partículas de carbono en las trompas de Falopio (2).

«La oxitocina es una hormona tanto femenina como masculina y se encuentra presente en diferentes aspectos de la vida sexual»

Margaret Mead, tal y como han hecho muchos antropólogos, se percató de que, en muchas sociedades, el papel del orgasmo femenino había sido totalmente ignorado, considerando que no cumplía función biológica alguna (3). En el mismo estadio de desarrollo de las ciencias biológicas, Wilhelm Reich fue incapaz de relatar cuál era exactamente el papel del orgasmo femenino (4). Hoy en día, con los datos de los que disponemos, podemos mostrar una visión completamente nueva del orgasmo femenino.

La hormona del amor altruista

Sabemos que cierto nivel de oxitocina es necesario durante el proceso del nacimiento, y los obstetras han venido siendo conscientes de ello desde hace bastante tiempo. Sin embargo, no es hasta la actualidad cuando nos interesamos por la cantidad de oxitocina que es liberada justo después de que el bebé ha nacido. La importancia de este pico es especialmente relevante cuando lo ligamos a nuestro reciente conocimiento de que la oxitocina puede inducir a la conducta maternal. Cuando la inyectamos en el cerebro de una rata virgen o una rata macho, se vuelve maternal y comienza a cuidar a los cachorros. En el caso opuesto, si inyectamos un antagonista de la oxitocina directamente en el cerebro de las madres ratas justo después del parto, no prodigan una gran atención a sus crías. Puede decirse que uno de los mayores picos de secreción de la hormona del amor que acontece en la vida de una mujer se da justamente tras el nacimiento, siempre y cuando éste transcurra sin que medien hormonas de sustitución administradas a la madre durante el parto. Parece que el feto también libera oxitocina, lo cual contribuye al comienzo del trabajo de parto a la vez que puede configurar la propia capacidad del bebé para liberar la hormona del amor.

«La oxitocina está presente en la leche humana; es decir, el bebé que es amamantado absorbe cierta cantidad de la hormona del amor a través del tracto digestivo».

En este mismo sentido, estamos en estos momentos conociendo más acerca del papel de la oxitocina en la lactancia. Se ha comprobado el hecho de que cuando una madre oye una señal de su bebé con hambre, se produce un aumento en los niveles de oxitocina, por lo que podemos establecer un paralelismo entre la excitación sexual que comienza antes de que exista cualquier tipo de contacto físico. Tenemos entonces niveles igualmente elevados de oxitocina liberados por una madre en el momento en el que el bebé mama que durante un orgasmo, lo que constituye otro paralelismo entre estas dos situaciones en la vida sexual. Aún más, la oxitocina se encuentra presente en la leche humana. Dicho de otro modo, el bebé que es amamantado absorbe cierta cantidad de la hormona del amor a través del tracto digestivo. Y cuando nos encontramos compartiendo una comida con más personas, también incrementamos nuestros niveles de oxitocina. La única conclusión posible es que la oxitocina es una hormona altruista, una hormona del amor.

Así, cualquier episodio de la vida sexual se caracteriza por la liberación de una hormona altruista, y esto también se refiere a la liberación de sustancias morfina-like. Este tipo de endomorfinas actúan como hormonas del placer y como analgésicos naturales. Durante el acto sexual se liberan niveles altos de endomorfinas, por lo que para la personas que padecen de migraña, las relaciones sexuales se convierten en un remedio natural contra ese dolor de cabeza. Existe al respecto mucha documentación acerca del uso por parte del organismo de estas sustancias en diferentes tipos de animales.

«En las sociedades en las que la sexualidad genital está muy reprimida, las mujeres tienen una menor probabilidad de tener partos más fáciles, y a la inversa, la rutina hipercontroladora del proceso del nacimiento probablemente influye en otros aspectos de nuestra vida sexual»

Pongamos como ejemplo el caso de lo hámster y las betaendorfinas, cuyos niveles en sangre aumentaron en 86 veces en ejemplares machos después de la quinta eyaculación en comparación con los animales del grupo de control. En esta misma línea se han realizado estudios en humanos que profundizan en el papel de la liberación en sangre de endorfinas durante el trabajo de parto y el parto. Como consecuencia de estos nuevos estudios, ha salido a la luz el tema del dolor y si éste es psicológico o resultado de condicionamientos culturales, asunto que ha formado parte del debate con argumentos que podemos situar en hace 40 años. Hoy por hoy damos por aceptado el concepto de dolor psicológico, aunque también existe un sistema de compensación cuya finalidad es regular el uso de sustancias opiáceas naturales por parte del organismo humano. Ése es sólo el comienzo de una larga serie de reacciones.
Por ejemplo, las betaendorfinas liberan prolactina, una hormona que le da el toque final a la maduración de los pulmones del bebé y que es igualmente necesaria para la secreción de la leche materna. También la oxitocina ayuda en este caso a la subida de la leche.

Este aparentemente simple hecho de liberación de endorfinas durante el proceso del nacimiento nos dice que en los 90 no podemos ya separar el estudio del dolor del estudio del placer, dado que el sistema que nos protege del dolor es el mismo que nos produce el placer. Durante el parto y nacimiento, el bebé libera sus propias endorfinas, de lo que se deduce que, en la hora siguiente al nacimiento, tenemos a una madre y a un bebé impregnados de opiáceos. Es entonces cuando se establece esa relación de apego o vínculo, ya que los opiáceos crean un estado de dependencia. De igual manera, cuando los individuos de una pareja sexual se encuentran uno junto al otro e impregnados de opiáceos, se crea otro tipo de dependencia muy similar a la relación de apego entre una madre y su bebé.
Teniendo en cuenta que la lactancia es necesaria para la supervivencia de los mamíferos, no sorprende advertir que existe un sistema interno de recompensa que anima a la madre a dar el pecho. Cuando una madre amamanta, en veinte minutos alcanza el nivel máximo de endorfinas; así, al bebé le ha recompensado la crianza desde que la leche humana contiene endorfinas. Éste es el motivo por el que algunos bebés se muestran como “elevados” después de mamar.

«Durante el acto sexual se liberan niveles altos de endomorfinas, por lo que para la personas que padecen de migraña, las relaciones sexuales se convierten en un remedio natural contra ese dolor de cabeza»

Nuestros conocimientos acerca de las endorfinas es aún muy reciente. Hace sólo 20 años, Pert y Snyder publicaron un artículo histórico en la revista Science donde revelaban la existencia de células sensibles a la recepción de opiáceos en el tejido nervioso de los mamíferos. Entonces, si el sistema nervioso humano contiene células sensibles a los opiáceos, podríamos pensar que el cuerpo humano es capaz de producir alguna sustancia o sustancias muy similares a las que segrega el opio (5). En cuanto se entiendan por completo estos datos científicos publicados, dispondremos de una nueva base de la que partir a la hora de afrontar temas como la relación entre el placer y el dolor, el comportamiento masoquista y sádico, la filosofía del sufrimiento, el éxtasis religioso y los sustitutos de la satisfacción sexual, por citar sólo unos pocos temas a modo de ejemplo.

«Durante el parto y nacimiento, el bebé libera sus propias endorfinas, de lo que se deduce que, en la hora siguiente al nacimiento, tenemos a una madre y a un bebé impregnados de opiáceos»

Tanto la oxitocina, hormona del amor, como las endorfinas, hormona del placer, forman parte de un complejo equilibrio hormonal. Pongamos como ejemplo un caso de liberación de oxitocina de modo repentino. De acuerdo a un equilibrio hormonal, podemos dirigir la necesidad de amar en direcciones diferentes. En el caso de una madre con niveles altos de prolactina, ésta, en su trato con el bebé, tiende a concentrar su capacidad de amar hacia su bebé. Cuando los niveles de prolactina son bajos, como ocurre normalmente en los casos de madres que no dan el pecho, el amor es dirigido entonces hacia una pareja sexual, y es que la hormona necesaria para la secreción de la leche materna, la prolactina, disminuye el deseo sexual. Cuando un hombre tiene un tumor por el que segrega prolactina, el primer síntoma es la impotencia sexual. Los fármacos “antiprolactina” pueden ser inductores de sueños eróticos.

Es bien conocido el hecho de que, entre muchas especies de mamíferos, la madre que amamanta no es receptiva al macho. Es más, en muchas sociedades tribales, hacer el amor y amamantar son actos considerados incompatibles. Podemos decir que desde el advenimiento del modelo grecorromano de monogamia estricta viene dándose una cierta tendencia a reducir dar el pecho por medio de esclavas, nodrizas, leches animales o preparados lácteos.

Adrenalina y contacto visual

Existen hormonas que inhiben ciertos episodios de la vida sexual, hormonas de la familia de la adrenalina que son liberadas cuando los mamíferos tienen miedo o sienten frío. Este tipo de hormonas, denominadas “de emergencia”, son las que nos proveen de la energía necesaria para protegernos en caso de lucha o de huida. En el caso de una hembra mamífero amenazada por un depredador potencial cuando ésta se encuentra pariendo, este tipo de adrenalina permite a la madre posponer el proceso del nacimiento, parándolo y retrasando ese momento con el fin de impulsar a la madre a lucha o huir del peligro. Es bien sabido por los ganaderos que es imposible ordeñar a una vaca asustada.

Ahora bien, los efectos de la adrenalina durante el proceso del nacimiento prueban ser más complejos en este caso. Ambos, la madre y el bebé, experimentan picos de adrenalina durante las ultimísimas contracciones que preceden al nacimiento. Con ello se permite y facilita a la madre estar alerta cuando nace el bebé; además, para los mamíferos supone una ventaja añadida, ya que liberan energía suficiente para proteger al recién nacido. Otro de los efectos derivados de tal cantidad de adrenalina disponible en el organismo del feto es que, igualmente, éste entra en el nacimiento en estado de alerta, con los ojos bien abiertos y las pupilas dilatadas, de ahí la fascinación de las madres por la mirada de sus criaturas recién nacidas. Aparentemente, este contacto visual representa para los humanos una piedra de toque fundamental en el comienzo de la relación madre-bebé. Hemos de destacar en este punto que las hormonas de la familia de la adrenalina, tan generalmente relacionadas con la agresión, cumplen un rol muy específico en la interacción madre-bebé durante la hora siguiente al nacimiento.

El cerebro primitivo

En los seres humanos, el principal órgano en funcionamiento durante cualquier actividad sexual es el cerebro. Las ciencias biológicas modernas ven el cerebro como una glándula primitiva que secreta hormonas, pero sólo las primitivas estructuras del cerebro y las que rodean al hipotálamo –aquéllas que compartimos hasta con los mamíferos más primitivos– están activas durante la relación, el nacimiento y la lactancia. Los humanos tenemos un neocórtex –estructura cerebral recientemente descubierta– que alberga al intelecto sobre y alrededor de la estructura cerebral primitiva. Cuando este cerebro racional es sobreestimulado, tiende a inhibir la acción del cerebro primitivo. Durante el proceso del nacimiento, hay una etapa en la que a la mujer de parto le da la sensación de estar en otro planeta; para llegar a ese “otro planeta”, ha tenido que cambiar su nivel de conciencia reduciendo la actividad del neocórtex. Y al contrario, durante el proceso del nacimiento y cualquier experiencia sexual, una estimulación del neocórtex tiene un efecto inhibitorio: una conversación lógica, sentirse observada, luces fuertes, etc. Hay pocas parejas que puedan hacer el amor si se sienten observadas o si sus neocórtex se encuentran estimulados por luces fuertes o pensamientos lógicos.

Resulta irónico que los mamíferos no humanos, cuyo neocórtex no está tan desarrollado como el nuestro, cuenten con una estrategia para dar a luz en privado. La sensación de seguridad es un requisito previo para mantener el estado de privacidad. Para uno sentirse seguro, antes debe de sentirse protegido. Recordemos que las primeras comadronas eran normalmente las madres de las mujeres que estaban dando a luz. Otras comadronas que sustituían a la figura materna debían ser, sobre todo, personas protectoras.

«Durante el proceso del nacimiento, hay una etapa en la que a la mujer de parto le da la sensación de estar en otro planeta; para llegar a ese “otro planeta”, ha tenido que cambiar su nivel de conciencia reduciendo la actividad del neocórtex»

Tratar la sexualidad como un todo supone tener en cuenta muchas implicaciones. En las sociedades en las que la sexualidad genital está muy reprimida, las mujeres tienen una menor probabilidad de tener partos más fáciles, y a la inversa, la rutina hipercontroladora del proceso del nacimiento probablemente influye en otros aspectos de nuestra vida sexual.

Es necesario un completo trabajo para estudiar estas correlaciones, las cuales están basadas en muchos textos antropológicos de la muy reciente y moderna etnología, como el trabajo de Malinowski The Sexual Life of Savages (7) y los estudios de Margaret Mead. Nos encontramos con las mismas correlaciones cuando comparamos las últimas estadísticas relacionadas con el nacimiento del s. XX en los países de Europa: los nacimientos son más fáciles en Suecia que en Italia.

Por supuesto, amor y sexualidad no son sinónimos. Nadie puede definir el amor, ni nadie puede analizar con precisión los distintos tipos de amor. La última forma de amor entre los humanos debería de ser el amor a la Naturaleza, un gran respeto hacia la Madre Tierra. Durante la primera hora que sigue al nacimiento, el primer contacto del bebé con su madre es un período crítico en el desarrollo de la capacidad de respeto a la Naturaleza. Debe de existir algo en común entre la relación con la madre y la relación con la Madre Tierra. Debe de haber algunas, muy pocas, culturas en la que no exista excusa alguna para interferir en el primer contacto entre la madre y el bebé. En estas culturas, la necesidad de dar a luz en la intimidad siempre se ha respetado, culturas que se han desarrollado en sitios donde los humanos tenían que vivir sus vidas en armonía con el ecosistema, donde resultaba una ventaja desarrollar y mantener el respeto hacia la Madre Tierra.

Cuando el proceso del nacimiento se vea como un período de suma importancia en el desarrollo de la capacidad de amar, ocurrirá la revolución en nuestra visión de la violencia.

Michel Odent

Publicado en la Revista Ostare nº 7, invierno 2002 (pp.46-50)

BIBLIOGRAFÍA

1. Carmichael, M.S., Humber, R., et al., (1987): Plasma oxytocin increases in the human sexual response. J. Clin. Endocrinol. Metab. 64: 27.
2. Egli, G.E., Newton, M. (1961): Transport of carbon particles in human female reproductive tract. Fertility and Sterility, 12: 151-155.
3. Mead, M. (1948): Male and Female. New York, William Morrow and Co.
4. Reich, W. (1968): The Function of Orgasm. London: Panther Books.
5. Pert, C.B. and Snyder, S.H. (1973): Opiate receptor: A demonstration in nervous tissue. Science 179: 1011-1014.
6. Odent, M. (1987): The foetus ejection reflex. Birth 14:104-105. See also Odent, M. (1991). Fear of death during labour. J.of Reproductive and Infant Psychology, 9:43-47.
7. Malinowski, B. (1919): The Sexual Life of Savages. New York, Harvest Books.

Dr. Michel Odent

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: